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'Con Basket Sí Hay Paraíso'

El bronce de la Generación de Oro

España celebra la medalla de bronce del Eurobasket. REUTERS
España celebra la medalla de bronce del Eurobasket. | REUTERS
  • Cope.es

España se ha vuelto con otro metal colgado al cuello, pero bien sabemos lo que ha costado este bronce que casi sabe a victoria, como lo supo en los Juegos Olímpicos. Es el bronce del sufrimiento, de no rendirse. Es un bronce que indica el periodo de transición, y si ganas cosas o logras medallas en periodos de transición es para estar contentos; un periodo que resitúa protagonismos en la selección, con Navarro ejerciendo sus últimas labores como líder silencioso, Pau Gasol siendo la referencia pero con su hermano Marc pudiendo llevar también el peso de las operaciones (o ambos juntos como ante Rusia), más los cachorros que llegan hambrientos pero aún en pleno proceso de aprendizaje, como los Hernangómez y un equipo lastrado por las ausencias.

Ha sido el bronce de una generación de oro del baloncesto español que ha acumulado 12 medallas en los últimos 17 años. Sólo EEUU admite comparación o supera un ciclo de esa naturaleza conseguido por España.

Es muy difícil mantenerse en la élite tantos años a pesar del inmenso talento que sigue teniendo España, pero lo que consiga en el futuro vendrá en cierto modo predeterminado por el crecimiento de los jugadores de segunda generación, y la capacidad física (además de la técnica) que tenga el equipo. Capacidad física para medirse a equipos muy móviles,  abiertos y con capacidad para generar puntos desde cualquier lado de la cancha. 

La victoria de Eslovenia es el triunfo del modelo Warriors, un equipo con un base con gran capacidad anotadora (Dragic) acompañado por otro tirador (Prepelic), un alero con gran capacidad para generar juego (Doncic), un 4 abierto tirador (Randolph),y un hombre alto en la pintura capaz de ocupar mucho espacio con gran movilidad pero inteligente para emparejarse con pequeños o grandes (Vidmar), agitado todo ello con una gran ritmo de juego, calidad de tiro de muchos de sus jugadores y capacidad física para hacer una defensa activa asfixiante. Cambiemos el nombre con el mismo concepto y encontraremos a los campeones de la NBA Gorden State Warriors. 

Claro que una cosa es la teoría y otra tener esa calidad física, técnica y táctica en tus filas para poder desarrollarla.  No es el modelo único, frente a Eslovenia la selección Serbia opuso un juego inteligente en la pintura que le dio gran resultado durante buena parte del encuentro, sabiendo sacar partido a su superioridad en el juego interior especialmente con Marjanovic. De hecho, Eslovenia tuvo que a su particular héroe con capa y espada, que es quien reventó el partido, el formidable Goran Dragic, uno de los grandes bases de la NBA y cuya presencia en el Europeo ha sido todo un lujo para el baloncesto FIBA y para el Eurobasket.  Dragic hizo una monstruosidad de partido y se convirtió en imparable durante buena parte del encuentro, haciéndolo todo con un gran despliegue físico, un tiro mortal desde larga y media distancia tras bloqueo, por encima de la defensa de los hombres altos, o incluso yéndose hacia el aro como un poseso gracias a su explosividad, más propia de un jugador afroamericano que de un blanco balcánico y sobradamente conocida en la NBA. 

Es cierto que Eslovenia estuvo en el alambre un momento con los problemas físicos de Dragic y Doncic, pero en ese momento aparecieron otros, demostrando Eslovenia que no era sólo dos jugadores, emergiendo la figura de Prepelic, un tirador excelso y con hielo en las venas. Serbia, lastrada por las ausencias, antepuso una férrea resistencia y fue un equipo ganador hasta el final y a pesar de perder una final que ha mostrado seguramente el mejor baloncesto europeo que se haya visto en los últimos años. Serbia y Eslovenia han vuelto a poner de moda el baloncesto balcánico, que nunca se fue, pero que cuenta ahora con esta coincidencia en el tiempo de mucho talento junto. Basta recordar que Goran Dragic jugó con el padre de Doncic y ahora tiene a su pipiolo hijo de 18 años al lado.

Eslovenia, el partido que siempre recordaremos porque es la mayor lección que se ha llevado España en los últimos años, ha sido un aviso. Y esa señal de alerta debe ser escuchada. No significa que España esté agotando un ciclo como una lectura pesimista pudiera mostrar, en absoluto, sino que es el aviso sobre lo que se puede encontrar. España es un gran equipo, pero en este europeo y fundamentalmente por las ausencias ha sido un equipo que parecía fiarlo todo al rojo, a la pintura, y es lógico debido a la dimensión de sus dos torres, los hermanos Gasol y las ausencias exteriores. Pero lo que le hizo Eslovenia es un aviso de lo que viene. España seguirá disfrutando de los Gasol, Pau ya tendrá una edad y quizá no tenga todo el protagonismo, pero tiene a Marc. A partir de ahí deberá hacerse fuerte en su perímetro. Necesitará a Ibaka o Mirotic, y además que sean importantes, deberá estar vigilante del crecimiento de Juancho Hernangómez y Álex Abrines, y deberá tener esa capacidad atlética que no ha tenido en este Europeo con el propio Juancho, sobre todo con Sergi Llull o incluso para determinados roles Joan Sastre. Lo que no tiene España por ahora es un segundo splash brother. La Bomba Navarro, el Curry español antes de que tuviéramos noticias de un tal Stephen Curry, ha dicho adiós con una medalla, que era lo que se merecía. 

 En qué momento uno sabe que se acaba un ciclo. Lo sabe antes que nadie un jugador, aunque a veces cueste escuchar esa voz, Juan Carlos debía tener claro que su adiós sería en Turquía, y que éste sería su último servicio. Muchas veces criticamos cuando vemos que un jugador en su última etapa no da un paso al costado como si eso fuera fácil, como si supiéramos en qué momento hay que dar ese paso, como si lo hubiéramos vivido alguna vez. Como si renunciar a lo que eres fuera tan fácil. Juan Carlos ha sido uno de los protagonistas de esta generación de oro, saberse protagonista y asumir que has dejado de serlo y que tu momento ha pasado debe ser una de las sensaciones más difíciles del mundo del deporte.  Navarro se ha ido con una medalla como merecía, y ahora nosotros pensamos a ver cómo demonios encontramos otro que toque igual la misma música, "splash!"

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