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Parches y retales

Morante y José Tomás regresan. El toreo les espera. Jerez y Algeciras colgarán el “no hay billetes”. La fiesta recupera a sus dos máximos exponentes

José Tomás y Morante
  • Julio Martínez Romero

La mística del toreo se pierde en la rutina. La categoría de evento surge de tarde en tarde. Tiempo ha que los toreros convertían cada festejo en egregios acontecimientos. En esta época, solo se conocen dos matadores que muevan masas. Legiones de aficionados cegados por la probidad que albergan en sus muñecas. José Tomás y Morante de la Puebla. En loor de multitudes uno y alabado por su donaire el otro. Pilares fundamentales de una fiesta que hace aguas.

No son precisamente dos filántropos. Taurinamente hablando. De ahí la execración a la que se ven sometidos. De tarde en tarde, claro. El genio de Galapagar volverá en Algeciras. Con sus toros bajo el brazo. Un latrocinio que, en los tiempos que corren y vía rrss, se agiganta. Morante regresa en Jerez y con una temporada casi cerrada. Asiduo al lujo y ávido de toreo. Él y la afición. Ellos. La esperanza de la fiesta.

Pronto se cumplirán 10 años de la doble conmoción venteña con el toreo impávido de José Tomás. Desde aquel ciclo de 2008, el diestro madrileño se ha vestido de luces en 85 ocasiones. No obstante, desde el percance de abril de 2010 en Aguascalientes solo lo ha lucido 25 tardes. Ninguna temporada pasó de los 10 festejos. Todos bien seleccionados. ¿Qué es mejor? ¿Convertir esas escuetas temporadas en eventos superlativos o largos ciclos que trivialicen el misticismo de Tomás?

La realidad es que cada tarde que se enfunda el chispeante es un agosto allá donde lo hace. Empresarios, hosteleros y hospederos se frotan las manos. Elixir para las plazas. Ámbar para la afición. Catalizador de opiniones. Necesario a todas luces. Las hablillas lo ubican en otras plazas y con otros toreros. De momento, será Algeciras la afortunada.

El cigarrero de la Puebla regresa incólume tras su “espantá” veraniega. Con un cambio de aires necesario y deseado por casi todos. De la mano de un romántico volverá a los ruedos con el mismo toro, los mismos veterinarios y con efervescentes masas morantistas. La emersión de Morante tiene más de ficticio que de real. No ha pasado ni un año de su adiós.

El uno y el otro sirven de parches para una fiesta que, por momentos, agoniza. Figuras que no llenan y públicos y presidentes abonados a la algarabía y desprovistos de exigencia. Son retales que, de cuando en cuando, devuelven la ilusión y la esperanza. Disidentes de los nuevos tiempos. Alejados de las televisiones. Morante y José Tomás regresan.

Los estancos y las gintonerias de Jerez y Algeciras ya han colgado el “no hay billetes”. En los tendidos habrá público y afición. Una mezcla de fiesta y exigencia. La osmosis del taurineo más rancio y del aficionado más leído se darán cita allí. Aires de esperanza para la fiesta. Parches y retales para corregir el rumbo de un navío a la deriva.

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