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Artículo de opinión en El Albero

"Al otro lado del mundo" Por Julio Martínez

Dominaba Napoleón Europa mientras resistía Inglaterra como potencia que era. Cuando el toreo lo dominan los Bonapartes de la fiesta, Paco Ureña resiste, vence y convence. Maestro y comandante, el de Lorca dijo el toreo ayer en Albacete

Paco Ureña

Cuando el ruedo se convierte en un campo de batalla, el toreo de verdad se convierte en la estrategia perfecta. Sin “morisquetas” ni “mangurrinas” envolvió Paco su corazón en la roja franela de su muleta. 40 años y un día se cumplían desde que un burel de nombre Cansaíto ponía Albacete bocabajo con la ayuda de Paquirri. Aquel llevaba el hierro de don Álvaro Domecq. Ayer, 12 años después los de Torrestrella volvían a la feria con el runrún de ganadería grande. 6 de 6, no falló ninguno, desde el bonito chorreado que abrió plaza hasta el burraco Defensor que puso el broche a la corrida del año.

Paco Ureña escuchó la última llamada por megafonía y llegó sin hacer ruido a Albacete, llegó tranquilo, desmayado como su toreo; sin prisa y con todas las de la ley. Al primero le puso el genio, con su segundo puso la vida. Pasión y pureza ya no en cada muletazo, cada paso que daba era una oda a la tauromaquia. Llenar el escenario, torear sin toro. Eso lo hace de maravilla, pero cuando hay un toro delante –repito, un toro- saca Paco sus armas, que no son otras que las de la entrega. Encajado en los riñones enfrentó su vida a la de un toro que siempre fue a más, cuando pedía temple, Ureña ralentizaba el tiempo y cuando el toro imploraba mando, el torero le ofrecía el báculo del que hoy por hoy interpreta el toreo que más emociona a la afición. Bienaventurados los que fueron ayer a la plaza. ¡Qué bien torea Paco Ureña!

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