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Artículo de Julio Martínez

Alhajas bajo el sol

Allá donde la sombra y el sol se cruzan, allá donde la chaquetilla pesa más, allá donde tantas veces hizo gala Dámaso de su valor, hasta allí se fue Álvaro Lorenzo para plantarle cara a las abantas embestidas de su lote. Y qué forma de hacerlo

Foto día 16
  • Texto Julio Martínez Foto Taurino Manchega

Con el drama aún sobrevolando los tendidos de Albacete después de ver el pitón del primero de la tarde perderse por el terno azul prusiano de Juan del Álamo, tuvo que hacerse presente el joven toledano Álvaro Lorenzo. Paciencia la que exhibió en su primero que, hasta que no se enfrentó a la poderosa franela de Lorenzo, hizo caso omiso a las órdenes de los lidiadores. Frente a la puerta de cuadrillas se fraguó un trasteo que da una idea de lo que este torero puede llegar a ser.

Conoce bien Albacete el de la Ciudad Imperial, desde su época de sin caballos en la que se alzó con el certamen “Soy Novillero”, pasando por algún susto capotero en sus primeros compromisos con los del castoreño, hasta llegar a trenzar el paseíllo con el oro de matador. Quizá sea ese el mayor atolladero de su carrera. El acero toledano no se entiende con su compatriota, o viceversa. Muchos triunfos se le están escapando por la vía de la tizona, que rara vez viaja certera. Defecto corregible, esperemos que en el corto plazo.

Volviendo a esa puerta de cuadrillas, agarró la muleta con la mano izquierda y expuso Lorenzo el decálogo del que quiere ser torero. Le ganó el paso cuando hubo de ganárselo y le corrió la mano con suprema despaciosidad. Pero es que encima compone y se los pasa cerca, es que el tío torea como los ángeles y remata los muletazos con primorosas maneras, sumado todo a un magno valor. Aires de toreo caro en sus muñecas y corazón de guerrero, pero todo con la tranquilidad y la naturalidad que le aporta su exquisita técnica.

Falta ese triunfo pleno de rotundidad que le descubra la fórmula mágica de entrada en la élite taurina. Albacete pudo ver a un torero que tiene madera de líder y que está llamado a hacer grandes cosas en el toreo –mejore esa espada, Lorenzo-. Esperemos que ese tipo de toreo y no el impuesto triunfalismo haga justicia y le brinde oportunidades al de Toledo. Las merece él y las merece el público, un público ávido de toreros con estilo. Ávido de toreros como Álvaro Lorenzo.