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El virus chipriota como síntoma

Entre las paradojas e incertidumbres que está provocando la larga crisis económica, se encuentra el clamor social que ha suscitado la llamada “solución chipriota”. Consiste en que los clientes con mayores depósitos en los bancos sean los que paguen su rescate con una quita que puede llegar al 40 por ciento de sus ahorros. Es decir, en lugar de ser el Estado quien afronte la deuda contraída por los bancos, con cargo todos los contribuyentes, serán los depositantes quienes la asuman, quebrándose así el principio de que los ahorros son sagrados. El miedo se ha propagado por toda la zona euro con una caída generalizada de las bolsas, cuyos accionistas han empezado ya a pagar los platos rotos de la mala gestión chipriota. Es uno de los efectos de la globalización de la economía que ya apunta otros aún por venir. Por ejemplo el Banco de España ha recomendado reducir aún más los salarios y los beneficios de las empresas para ser más competitivos frente a los mercados emergentes. Pero la reducción de sueldos disminuye la capacidad de consumo y rebaja los ingresos del Estado por impuestos. Parece un círculo vicioso, que conlleva una espiral de populismo antisistema que pretende imponer sus propias soluciones al margen de la ley. Ante esta situación sorprenden las escasas iniciativas de la Unión Europea para afrontar de una vez los males que afectan a la economía globalizada, porque ya vemos las consecuencias que tiene hasta un resfriado en el más pequeño de los países de la Unión.    

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