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Línea Editorial 16/07/2013

La virtud de resistir al engaño

Solía decir nuestro premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, que quien resiste es quien gana al final. Antes que él, otro premio Nobel, Rudyard Kipling, decía algo parecido en un inolvidable poema cuando apelaba a su hijo a la resistencia ante la tergiversación de la verdad. Esta resistencia tiene como compañero inseparable la paciencia de esperar sin cansarse y de no responder con engaños, sin dejarse dominar por el odio. La evocación de la virtud de resistir al mal viene a propósito del reciente homenaje rendido por el Partido Popular al que fuera su concejal en Érmua, Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA hace dieciséis años. Afirmaba la presidenta de este partido, Arantza Quiroga, que nadie podrá olvidar la verdad de lo ocurrido en el País Vasco en las últimas décadas y refugiarse en una amnesia interesada que trata de negar su responsabilidad en los sucedido. Al mantener viva la memoria de las víctimas del terrorismo resistimos al engaño de quienes tratan de presentar lo ocurrido como un conflicto entre dos bandos, en una especie de justificación de la sangre derramada. “Nunca podrán esconder la cruda realidad quienes ahora pretenden repartir culpas amparados en unas mayorías políticas…”, recordaba Quiroga. Esta resistencia no deja de lado otra virtud necesaria: el deseo de mirar al futuro y de trabajar juntos por una verdadera paz, como recordaba la propia hermana del concejal asesinado por ETA, Mari Mar Blanco. A Miguel Ángel lo mataron porque tuvo la osadía de representar a sus vecinos en su pueblo. Esa preciosa herencia es la que el PP debe custodiar en estos días de confusión.

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