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Vigoroso recuerdo de la Doctrina Social de la Iglesia

En la celebración del 1º de Mayo los sindicatos europeos guardaran ayer  silencio sobre el reciente hundimiento, en Bangladesh, de un edificio dedicado a precarios talleres textiles, que provocó la muerte de más de 400 obreros que trabajaban en condiciones cercanas a la esclavitud. Sin duda, este país asiático nos queda demasiado lejos, pero aquella tragedia nos pone ante el espejo de uno de los dramas que deberían ser erradicados: la explotación de obreros en aras del beneficio egoísta de grupos internacionales al amparo de la globalización. Tan solo el Papa Francisco denunció con la fuerza de su autoridad moral esta concepción economicista de la sociedad que “desborda los límites de la justicia social” y que es un factor de la crisis que padecemos. Al referirse a la dignidad del trabajo y del trabajador el Papa mostró la plena vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia que ya expuso León XIII en su histórica encíclica “Rerun Novarum”, en plena revolución industrial, a finales del siglo XIX. Después del fracaso de los sistemas totalitarios que convirtieron a los trabajadores en meros engranajes de producción, siguen en pie los esquemas de un capitalismo sin reglas que la Iglesia siempre ha rechazado. Una muestra es la proliferación de esas fábricas textiles asiáticas donde se explota a los obreros con salarios de miseria y de las que se surten los mercados mundiales a bajo coste. La voz del Papa se alza así de nuevo para denunciar esa lacra del egoísmo mercantil que desprecia la dignidad humana.

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