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LÍNEA EDITORIAL

Vigencia de la Doctrina social católica

El esfuerzo de activar la economía, luchar contra el desempleo y mantener el sistema de bienestar viene con frecuencia acompañado por la búsqueda de nuevos modelos económicos. Un ejemplo reciente es el del presidente francés, Francois Hollande, quien ha puesto sobre la mesa una iniciativa de regeneración de la socialdemocracia. Todo modelo económico lleva implícita una concepción de la persona y de sus formas de relacionarse. En este sentido, lo afirmado por Benedicto XVI en su reciente homilía de inicio del año adquiere un valor singular. El Papa ha insistido en que las crecientes desigualdades entre ricos y pobres se deben a una mentalidad egoísta e individualista, particularmente operativa en una forma de capitalismo financiero disoluto.   Los ecos de esta preocupación de la Iglesia por la situación social y económica están hoy especialmente presentes en la palabra de la Iglesia. Una muestra más ha sido la homilía de monseñor Javier Martínez, con motivo de la conmemoración de la Toma de Granada, en la que ha recordado que la vida moral y la vida económica no son separables; si se separan, la economía se vuelve contra el hombre. Para conjurar los riesgos de un capitalismo sin reglas es necesaria una política con dimensión moral y un sujeto comunitario capaz de moverse con gratuidad al servicio del bien común. La Doctrina social católica, por tanto, es un instrumento adecuado para corregir las patologías del sistema económico global que padecemos.

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