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El viaje de una botella de vidrio: del contenedor a la planta de reciclaje

Te contamos el proceso desde que se recoge el contenedor hasta que sale de la planta de reciclaje

 

Alejandro llega con su camión de recogida de vidrio a la calle Guareña de Madrid a las 9 de la mañana. Se acerca al contenedor de vidrio, lo eleva con la grúa y vuelca su contenido en la parte de atrás del vehículo. Así con cada uno de los contenedores de vidrio que hay en esta zona de Madrid. Después, lleva su camión hasta el vertedero de Valdemingómez, en Madrid, donde deposita el contenido en una zona especialmente habilitada para ello.

Desde allí, el contenido de estos contenedores es trasladado a plantas de reciclaje como la Planta de Santaolalla en Quer (Guadalajara). Allí, como explica su responsable Fredrik Ågren, lo primero que se hace es pesar el camión. Después, descarga su contenido en una tolva en la que se realiza la primera criba. Se separa el vidrio en 4 tipos, en función de su tamaño:

-El más fino, el que tiene menos de 7 milímetros de grosor, se descarta por la dificultad de separarlo de otros materiales, como cerámica o piedras.

-Los que tienen entre 7 y 14 milímetros y entre 14 y 45 milímetros se mandan a un separador magnético, que extrae los componentes metálicos con ayuda de un imán.

-El que tiene más de 45 milímetros de grosor se envía al molino para triturarlo y reducir su tamaño.

Después, con el vidrio ya seleccionado, un equipo de trabajadores se encarga de separar manualmente los residuos como piedras, cerámica, etiquetas, tapones y otro tipo de materiales indeseados. Estos son desechados, mientras el vidrio bueno pasa por un segundo imán, para separar los posibles materiales férreos que aún queden.

Una vez queda totalmente separado, la planta envía el vidrio a sus clientes, que lo utilizan para elaborar nuevos envases. Un proceso que ahorra hasta un 80% de energía, pero que requiere de la colaboración del consumidor, como nos explica Fredrik: "Es muy importante no echar materiales como cerámica o tapones al contenedor, porque luego dificultan mucho el proceso de reciclaje y si se cuelan estos materiales en el producto final pueden producirse fisuras o roturas en las manos del consumidor".

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