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Una nueva base para la convivencia

Existe hoy «un ecumenismo del sufrimiento», decía hace unos día el Papa al Patriarca copto de Egipto. En el norte de África o en Oriente Próximo, católicos y ortodoxos viven a menudo situaciones de gran dificultad y eso ha estrechado los lazos entre ellos. Así lo han testimoniado en Milán el cardenal Ángelo Scola y el Patriarca Bartolomé de Constantinopla, máxima autoridad de la Ortodoxia. Ambos conmemoraban el 1700 aniversario del Edicto de Milán, que puso fin a la persecución contra los cristianos y proclamó la libertad religiosa en el Imperio romano. El cardenal y el Patriarca denuncian, sin embargo, que la libertad religiosa sigue siendo hoy pisoteada. Más de cien mil cristianos son asesinados cada año por su fe, mientras que en la vieja Europa los creyentes afrontan un clima de creciente hostilidad. Bartolomé I recibe hoy en Estambul a representantes de los episcopados europeos para abordar este desafío. El cardenal Scola ha puesto ya sobre la mesa varias ideas interesantes. Cristianos y no creyentes, afirma, deben aprender a convivir en una sociedad plural que establezca claramente los límites del poder y reconozca la dignidad de la persona y sus derechos inherentes como fundamento del orden social. Y eso exige desterrar la idea de que una mayoría coyuntural legitima para imponer la propia ideología, ya sea modificando la definición de matrimonio, o poniendo el sistema educativo al servicio del adoctrinamiento ideológico.

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