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LÍNEA EDITORIAL

Una España empobrecida

La pobreza en España no es un mero argumento político, social o económico. Es una realidad que cada día se extiende más, se intensifica y se vuelve crónica. El Estado del bienestar, que las sociedades desarrolladas presentan como su más acreditada conquista, hace aguas. Según el informe FOESSA elaborado por Cáritas, se está produciendo en España un incremento severo de la desigualdad social. La desigualdad es un escándalo ético y político al que no podemos acostumbrarnos.   Tal como concluye este prestigioso informe sociológico se ha incrementado un treinta por ciento la diferencia entre quienes tienen posibilidad de acceder a bienes y servicios y quienes son pobres. La distancia entre ricos y pobres contribuye a la fractura social. Si a este dato le añadimos que la renta media de los españoles está ahora en niveles de hace diez años, la conclusión es muy evidente. Los españoles son más pobres.   De entre las muchas señales de alarma de este Informe hay una que tiene especial relevancia social: los datos del paro y el número de hogares españoles en los que no trabaja ninguno de sus miembros. Una situación que produce escalofrío y que debe ser objeto de los desvelos de los políticos. Los datos que presenta Cáritas deben llamar la atención de todos y servir de motivación y aliciente para un renovado ejercicio de solidaridad social y de propuesta de nuevas políticas de emergencia. Esta crisis debe alumbrar un nuevo sistema de bienestar en el que cooperen activamente el Estado y los sujetos sociales.

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