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EL ALBERO | Editorial

Toros e internet

Si algo trajo la era de internet fue la democratización de la información. Cualquiera puede opinar y formar opinión sobre cualquier tema. Ya es no es función única y exclusiva de los medios de comunicación nos guste más o menos. Las páginas webs, los blogs  y las redes sociales han hecho posible que cualquiera tenga una opinión pública sobre un tema y que el resto, además, la conozca. Esto también llegó al mundo del toro y cada vez se siente con más fuerza. Los aficionados han utilizado las nuevas tecnologías sobre todo para revelarse ante el poder taurino imperante y para ofrecer una visión alternativa a la versión oficial imperante. ¿Qué se ha conseguido? Que cada vez vayan más en paralelo y sin encontrarse los intereses de los taurinos y los de los aficionados. ¿Sirve para algo que los aficionados cada vez tengan más presencia pública y personal frente al antiguo asociacionismo taurino? Claro que sí, ahora cada uno es dueño de sus palabras y de sus opiniones. Ojo, siempre defenderemos que, sobre todo en las redes sociales, sea bajo la premisa de saber quien ofrece esa opinión bajo nombre y apellidos. Quien se oculta bajo pseudónimos falsos para, sobre todo criticar y enfangar, no aporta. Todo lo contrario. Leyendo y palpando lo que se cuece en estas redes sociales puede verse que los aficionados, mayoritariamente, se decantan por pedir más integridad y no se si definirlo así, una vuelta a los orígenes de la Fiesta, más auténtica y no tan superficial como parece que es la actual. Bienvenido sea el debate abierto, el contacto entre aficionados con toreros, apoderados, empresarios y aficionados. Siempre eso, sí, desde el respeto. Además, los aficionados parecen ir muchas veces un paso por delante de los profesionales. Incluso promoviendo iniciativas que deberían surgir de los estamentos de la Fiesta. ¿El último ejemplo? La Plataforma por la Diversidad de Encastes. Loable iniciativa que sin embargo, debería haber salido por ejemplo, de los propios afectados sin tener que esperar que los aficionados saquen la cara por ellos. La fiesta también se vive en internet. Como nosotros. Como El Albero, aquí, en cope.es.