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Una de autoayuda, con trampa, del afamado Paul Thomas Anderson

The Master

Joaquín Phoenix encarna a un desequilibrado que suscita una compasión pocas veces vista en el cine 

De 

 The Master ***

Público recomendado: Adultos

Hay un tipo de religiosidad “fabricada” por el hombre y otra revelada por Dios y cuyo exponente máximo es su encarnación en un niño: la Navidad.Contoda su potencia renovadora, ésta la podemos reducir a nuestros esquemas y aquélla tiene muchos exponentes reales y ficticios perturbadores. Uno de estos últimos es The master, la nueva película de Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, Magnolia, Embriagado de amor, Pozos de ambición).

Es 1950, el militar Freddie Quell (Joaquín Phoenix) regresa de la guerra del Pacífico. Lleva su herida existencial a flor de piel, mitigada por el sexo y el alcohol. En su camino hacia el infierno, encuentra a Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman, Capote, La duda, La familia Savage, Synecdoche, New York, Moneyball, Los idus de marzo, entre otras), quien predica volver a la condición original (un Edén sin Dios al estilo de Rousseau) para encontrarnos con la mejor versión de nosotros mismos, que se ha pervertido con las diversas reencarnaciones. Su misión, “La causa”, dirá, es ayudar a los mortales, como Quell y el resto de seguidores que se van adhiriendo (hay quienes ven aquí el inicio en 1952 de la iglesia dela Cienciología, de L. Ron Hubbard) a congraciarse con su yo más genuino y desprenderse de traumas y culpas. La terapia es ardua y constante pero allí estará el iluminado Dodd para darles impulso y acogimiento que no encontrarán, en último término, en nadie más que él, porque él es el único guía que conoce el camino de la liberación para sus cargas.

La congruencia de este personaje que acoge a los atormentados es uno de los aciertos de Paul Thomas Anderson, guionista también, quien vuelve a demostrar sus dotes cinematográficas que le han convertido a sus 42 años en uno de los grandes realizadores actuales.

Y, así, nos muestra en un principio, a Todd como un conocedor de la psique humana que comprende las flaquezas de los demás (beberá los cóctel explosivos preparados por Quell) y no se escandaliza por nada; por ejemplo, cuando canta en una reunión de “La causa” una melodía procaz para que los asistentes se despojen de sus prejuicios y vean la desnudez como algo natural (vemos las de las mujeres en la pantalla por los ojos de Quell), acorde con la condición primigenia.

El gurú conduce pacientemente a sus seguidores y practica la risa, de la que afirma que es una ayuda imprescindible para engrasar el trabajo necesario para el cambio personal. Pero con Quell no obtiene resultados inmediatos: es un caso límite, por lo que le despoja de toda dignidad y se erige en su único centro afectivo (este resorte psicológico es utilizado frecuentemente en las sectas). Todd dirá a Quell que sólo él es capaz de amarle en su miserable vida.

Así, irá poco a poco desvelando su verdadera intención con Quell y el resto de entusiastas que se adhieren a su doctrina: convertirse en el único asidero frente a la incomprensión del mundo, misión que justifica también una donación de sus bienes y propiedades para ayudar a extender esta liberación. Pero Todd es un hombre al fin y al cabo, susceptible de pasiones de todo tipo, muchas de las cuales sólo conocerá y le permitirá su mujer, Peggy Dodd (Amy Adams).

Con Quell, el otro protagonista de The master, nos topamos con Joaquín Phoenix (Gladiator, En la cuerda floja, Hotel Ruanda, Señales, entre sus cerca de 30 películas) contrahecho física y psíquicamente. Su pecho arqueado hacia delante perfila una espalda jibosa, sus brazos abiertos a lo orangután y su gesticulación facial lacerante son retrato contundente de un hombre atormentado, antesala de incontrolables acciones violentas. Muchos desequilibrados han pasado por las pantallas en tantas y tantas películas, pero pocos provocan tanta piedad como Quell (enorme trabajo de Phoenix) en sus inmensos esfuerzos por hacerse sin éxito con su humanidad, con aquella que le propone Todd y al que sirve de conejillo de Indias para sus sesiones ante los primeros convertidos a “La causa”.

Es el límite del enajenado Quell, pero también el de Todd para acoger a aquél tal cual es. De esto sólo son capaces muy pocos: sólo hombres y mujeres que viven de Dios, del que reciben Su fuerza para abrazar las miserias humanas más abyectas.

Con algunos parones en el guión que dilatan en exceso The master y algún cameo postrero, Thomas Anderson nos revela paulatinamente el “gancho” (en este caso no es de índole religioso) de los iluminados fundadores de sectas (los padres de Phoenix fueron misioneros de Los Niños de Dios y tuvieron a él y a sus hermanos en diversos lugares del mundo), cuyas actuaciones pueden confundir a la opinión pública, en nuestro mundo hiperinformado, con relación a la adhesión a una persona con otro tipo de vinculación que tiene a Dios como promotor de la llamada. La primera será esclavizante e insatisfecha, la segunda nos hará libres si no la reducimos a nuestra medida, como ha venido a proclamarnos estos días con su nacimiento quien dice ser el Camino,la Verdad yla Vida, y que murió en una cruz, lo totalmente opuesto a los predicadores modernos.

Enrique Chuvieco 

 

The master (USA 2012)
Dirección y guion: Paul Thomas Anderson
Interpretación: Joaquin Phoenix (Freddie Quell), Philip Seymour Hoffman (Lancaster Dodd), Amy Adams (Peggy Dodd), 
Laura Dern (Helen), Jesse Plemons (Val Dodd), Rami Malek (Clark), Ambyr Childers (Elizabeth Dodd), Kevin J. O’Connor (Bill  William), Christopher Evan Welch (John More).
Duración: 144 min
Género: Drama.

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