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Suárez, memoria de la unidad

Es necesario “elevar a categoría de normal lo que a nivel de la calle es  normal”. Esa fue la frase con la que Adolfo Suárez se dio a conocer a la opinión pública. Y bien puede considerarse como un resumen de su gran virtud: saber interpretar el sentir mayoritario de los españoles y darle cauce político. El Rey eligió a Suárez para que hiciera efectiva la transición a la democracia.  Refrendado luego por las urnas, fue más allá del encargo recibido. Le dio cauce institucional al clima de perdón que se había creado entre los españoles, un clima que superaba viejos resentimientos. Sin esa premisa hubiera sido imposible una operación política tan complicada como la que permitió que nos dotáramos de un sistema democrático.Suárez fue uno de los actores decisivos de nuestra transición. Un cambio que fue pacífico, que se hizo de la ley a la ley y que consiguió fraguar una Constitución en la que nos sentimos reconocidos la inmensa mayoría de los españoles. Fue audaz al legalizar al Partido Comunista, que se convertiría en uno de sus aliados. Pero también fue realista. Habló con todos y buscó el bien común. No se entendió con la UCD, la coalición que él mismo había creado, lo que provocó que su final político no fuera cómodo. El primer presidente de la democracia es un símbolo de ese momento en el que los españoles supimos reconocer que es más lo que nos une que lo que nos separa. Algo que conviene no olvidar.