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Sin disposición al martirio, no hay evangelización

En muchos países se han celebrado estos días Asambleas Plenarias de obispos, las primeras desde la elección del Papa Francisco. La llegada del nuevo pontífice se hecho notar ya en un nuevo impulso evangelizador. «Que toda la pastoral sea en clave misionera», les pedía el Santo Padre a los obispos argentinos. El Papa quiere que la Iglesia salga más a la calle, sin miedo a asumir riesgos: «Prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma», decía en ese mensaje. Se trata de anunciar al mundo un mensaje de esperanza, pero «esta alegría», como advierte Francisco, es inseparable de la Cruz y de la disposición al martirio. La Iglesia acompaña a los más pobres y a quienes más sufren. Es un testimonio necesario, y habitualmente aplaudido por muchos, a diferencia de lo que ocurre cuando los obispos levantan la voz porque se vulneran derechos fundamentales o está amenazado el bien común. Son riesgos que la Iglesia debe correr. En España, se producen reacciones desmedidas cada vez que un obispo defiende el derecho a la vida. En Argentina, tampoco ha gustado al Gobierno que el episcopado afirme que el proyecto de reforma del poder judicial debilita la democracia. Y en Francia, se ha vuelto a escuchar la voz de la Iglesia contra la equiparación del matrimonio a las uniones homosexuales. El responsable del Comité de Libertad Religiosa de los Obispos de EE.UU. lo ha dicho de forma muy clara: sólo evangeliza una Iglesia que se involucra socialmente, aunque esa presencia pública será siempre signo de contradicción.

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