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Setenta años de la II Guerra Mundial

Resulta paradójico celebrar el aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial con una ostentosa exhibición de poder militar. Vladimir Putin lo ha hecho este fin de semana, en un acto en el que han sido tan relevantes las presencias, con China o Cuba junto a los rusos, como las ausencias de los líderes occidentales, a los que el presidente Putin ha mandado un doble mensaje: por un lado, de agradecimiento por la contribución de la coalición aliada a la victoria sobre la Alemania nazi; y por otro, de aviso amenazante, especialmente a Europa y a Estados Unidos, recordándoles que los intentos de crear un mundo monopolar minan la estabilidad del desarrollo mundial.Setenta años después de la Segunda Guerra Mundial, la mirada a la verdad de la historia es tan justa como necesaria. Lo que sucede es que Putin, en estos desfiles conmemorativos de la Victoria por las calles de Moscú, oculta deliberadamente una parte esencial de la historia. Las raíces del totalitarismo en el dramático siglo XX y su concepción antropológica no se explican solo con la alusión a Hitler y al nazismo. Curiosamente la Rusia de Putin parece querer olvidar lo que supusieron 70 años de dictadura comunista. Pero Putin no hace ningún favor ni a su país, ni a la estabilidad mundial que tanto reclama, organizando fastos con aromas estalinistas. La Canciller Merkel ha tenido el valor de recordarle en Moscú, que la anexión de Crimea ha sido una acción criminal contra todo derecho, y que no habrá estabilidad en la frontera oriental de Europa si no se respeta la integridad territorial de Ucrania.

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