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Falcón es alguien cargado de fragilidades

Series TV: Falcón

La policía nacional habla en inglés

Las últimas producciones de mini-series por parte de Canal Plus habían dado en el clavo. Una: “¿Qué fue de Jorge Sanz?”, donde el verdadero Jorge Sanz se interpretaba a sí mismo en plena crisis de los cuarenta, que estaba cargada de originalidad y conectaba con varias generaciones de españoles que se identificaban con el protagonista y asistían así con candor al fracaso de sus propias y pasadas aspiraciones. Dos: “Crematorio”, donde se superaron las expectativas puestas en una producción española y se retrataba al milímetro esa picaresca mafiosa y de altos vuelos muy Gil y Gil. Misteriosamente uno simpatizaba al seguir las peripecias delictivas de Rubén Bertomeu, interpretado por un magistral José Sancho. Quizás por el mero hecho de ser un personaje tan representativo de la propia y autóctona corrupción. Algo muy denotativo de por qué la crisis económica ha atizado tan fuerte en nuestro país. Ahora nos llega el último experimento de esta cadena de pago. Se trata de “Falcón”, una mini-serie de cuatro capítulos co-producida junto a la cadena británica Sky Atlantic, que ha impuesto lengua de rodaje y reparto anglo-parlante, pese a su ambientación en una Sevilla noctámbula y ensombrecida por las aureolas del cine negro, que no se parece en nada a la ciudad solar que todos los que hemos paseado sus calles recordamos. El protagonista es Javier Falcón, interpretado por el neozelandés Marton Csokas (el malo de xXx, para más señas). Es un personaje hierático, con dificultades para expresarse, porque está vacío en cuanto a identidad. En este sentido, lo que suceda en los dos largos casos que incluye esta primera temporada de la serie, le permitirá desvelar varios enigmas sobre sí mismo a la vez que consigue esclarecer los crímenes que investiga. Falcón es alguien cargado de fragilidades, no tiene nada del Mike Hammer (1984-1988) en que algunos aprendimos las reglas del género. No sale siempre victorioso de las peleas sino que muchas veces sale herido. Los criminales son más listos que él y le tienden trampas en las que cae como un pardillo. Las mujeres no se derriten ante su hiper-masculinidad, sino que va siempre trajeado y se enamora sordamente como un adolescente atormentado. No le da tanto al whisky y no es un detective privado, sino que un cocainómano inspector de la policía nacional española, divorciado de una jueza y que dirige la división de homicidios en la ciudad de Sevilla. O sea, que Javier Falcón es un anti-héroe posmoderno en toda regla, con todas sus miserias y más. Lo único que tiene Javier Falcón para luchar en su particular cruzada contra el mal en la sociedad y en sí mismo es su deseo de verdad, sea ésta la que sea. Está dispuesto a sacrificarlo todo para que se conozca lo que realmente sucedió: su propia identidad, su integridad moral y su imagen pública. Nada es más importante que el caso. Quizás porque el caso es su trabajo y su trabajo es la única parte de su vida que no demuestra ser un absoluto sinsentido. Su soledad es cada vez mayor, su pérdida de vínculos es cada vez más evidente y su incapacidad de mirarse a sí mismo y de dejarse amar por la bella Consuelo Jiménez, interpretada por la seductora y sorprendentemente no española Hayley Atwell , es cada vez más notable. Habrá que ver si las dos cadenas se deciden a que haya continuidad para este proyecto, que peca de ser poco realista en cuanto a la españolidad de los personajes, cargados de tópicos typically Spanish para extranjeros. Dependerá, supongo, más de la aceptación anglosajona del producto que de otra cosa. En cualquier caso, valdría la pena ver cómo consiguen los guionistas reconstruir mínimamente a un protagonista que a medida que avanza el metraje no sólo se va destruyendo cada vez más, si no que sabe menos quién es. Aunque quizás preferiría una segunda temporada tanto de “Crematorio” como de “¿Qué fue de Jorge Sanz?”: dos dianas mucho más inteligentes en el corazón del español medio actual.   Jorge Martínez Lucena

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