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Último Ángelus

"El Señor me llama 'a subir al monte'"

El papa Benedicto XVI ha afirmado durante el rezo de su último Ángelus que el Señor le ha llamado a "subir al monte" para dedicarse "aún más a la plegaria y a la meditación" y ha asegurado que va a seguir haciendo lo que hacía hasta ahora pero de un modo más acorde a su edad y a sus fuerzas.
Último Ángelus de Benedicto XVI. REUTERS
Último Ángelus de Benedicto XVI. REUTERS

El Papa Benedicto XVI ha afirmado que el Señor le ha llamado a dedicarse todavía más a la oración y a la meditación una vez que se haga efectiva su renuncia al pontificado este jueves."El Señor me llama a subir a la montaña para dedicarme aún más a la plegaria y a la meditación. Pero esto no significa abandonar la Iglesia, más bien, si Dios me pide esto es porque puedo seguir sirviendo con la misma dedicación y el mismo amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero de un modo más adaptado a mi edad y a mis fuerzas", ha afirmado Benedicto XVI desde la Plaza de San Pedro. Más de 200.000 fieles, peregrinos y turistas, se han congregaron en la Plaza de San Pedro para despedirse del Pontífice en el que ha sido su último rezo del Ángelus. Esa ventana se ha cerrado y la próxima vez que se abra será ya con su sucesor. TEXTO ÍNTEGRO DEL ÚLTIMO ÁNGELUS DEL PAPA Queridos hermanos y hermanas: En el segundo domingo de Cuaresma la Liturgia nos presenta siempre el Evangelio de la Transfiguración del Señor. El evangelista Lucas resalta de modo particular el hecho de que Jesús se transfiguró mientras oraba: la suya es una experiencia profunda de relación con el Padre durante una especie de retiro espiritual que Jesús vive en un monte alto en compañía de Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos siempre presentes en los momentos de la manifestación divina del Maestro (Lc 5, 10; 8, 51; 9, 28). El Señor, que poco antes había preanunciado su muerte y resurrección (9, 22), ofrece a los discípulos un anticipo de su gloria. Y también en la Transfiguración, como en el bautismo, resuena la voz del Padre celestial: “Éste es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo” (9, 35). Además, la presencia de Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas de la antigua Alianza, es sumamente significativa: toda la historia de la Alianza está orientada hacia Él, hacia Cristo, quien realiza un nuevo “éxodo” (9, 31), no hacia la tierra prometida como en tiempos de Moisés, sino hacia el Cielo. La intervención de Pedro: “¡Maestro, qué bello es estar aquí!” (9, 33) representa el intento imposible de demorar tal experiencia mística. Comenta san Agustín: “[Pedro]… en el monte… tenía a Cristo como alimento del alma. ¿Por qué habría tenido que descender para regresar a las fatigas y a los dolores, mientras allá arriba estaba lleno de sentimientos de santo amor hacia Dios que le inspiraban, por tanto, una santa conducta?” (Discurso 78, 3).Meditando este pasaje del Evangelio, podemos aprender una enseñanza muy importante. Ante todo, la primacía de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo. En la Cuaresma aprendemos a dar el justo tiempo a la oración, personal y comunitaria, que da trascendencia a nuestra vida espiritual. Además, la oración no es aislarse del mundo y de sus contradicciones, como en el Tabor habría querido hacer Pedro, sino que la oración reconduce al camino, a la acción. “La existencia cristiana – he escrito en el Mensaje para esta Cuaresma – consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios ” (n. 3).Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios la siento de modo particular dirigida a mí, en este momento de mi vida. El Señor me llama a “subir al monte”, a dedicarme aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia, es más, si Dios me pide esto es precisamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma entrega y el mismo amor con que lo he hecho hasta ahora, pero de modo más apto a mi edad y a mis fuerzas. Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que ella nos ayude a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa.