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Línea Esitorial 01/03/2013

Sede vacante

La Sede de Pedro ha quedado vacante. Los cardenales han sido convocados el lunes a Roma, donde comenzará el proceso que culminará en unas semanas con la elección del nuevo Papa. Pero el nombre que sigue hoy en el corazón de los católicos es el de Benedicto XVI. El ya Romano Pontífice emérito se despidió ayer del mundo para iniciar una nueva etapa, la última de su “peregrinación en esta tierra”. No se jubila ni recupera la vida privada que entregó el día de su elección. Benedicto XVI ha abandonado el gobierno de la Iglesia pero hasta el final de sus días servirá a la Iglesia mediante la oración y la reflexión. Se ha ido confirmando en la fe una última vez a millones de personas que han seguido el final de su pontificado con una extraña mezcla de tristeza y profunda gratitud hacia un padre que probablemente no vuelvan a ver más. Deja una idea fuerza en esta última e intensa semana: La Iglesia pertenece a Dios, que ha querido guiarla a través de los hombres. Es el sorprendente método que Dios ha elegido, renunciando incluso, por amor a sus criaturas, a ejercer su omnipotencia. Joseph Ratzinger citaba ayer a su maestro Romano Guardini, que enseñaba que el corazón de la Iglesia es el mismo Cristo, y que por eso “la Iglesia despierta en las almas”. Pero la historia de la salvación es también una historia de carne y hueso. A la encarnación de Dios sigue la sorprendente misión encomendada por Jesucristo al apóstol Pedro. Dentro de unos días será elegido un nuevo Papa y seremos testigos de la renovación de esa alianza.