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Santiago: una llamada a la conversión y a la esperanza

La fiesta de Santiago estuvo marcada por el dolor pero también por el consuelo de las numerosas muestras de afecto que a lo largo del día llegaron desde todos los rincones del mundo. La tragedia ferroviaria de la víspera ha producido una fuerte conmoción internacional. En París, en un bello gesto, las campanas de Notre Dame repicaron por las víctimas. El arzobispo de Santigo, monseñor Barrio, dio las gracias por todos esos gestos durante la Misa que presidió en una catedral estaba llena de jóvenes que siguen junto a la tumba del apóstol la Jornada Mundial de la Juventud, al no haberse podido trasladar a Río. Ayer se les tuvo especialmente presentes en Brasil. La tragedia de Santiago ha marcado profundamente la JMJ, comenzando por el Papa, que desde el primer momento siguió con consternación el suceso, y que en un telegrama, dirigió un bello mensaje de aliento y de esperanza a los familiares de las víctimas y a todos los españoles. Esa esperanza, como subrayó monseñor Barrio, es la gran aportación de los cristianos a la sociedad de hoy. Pero esto no puede improvisarse ni solventarse con unas palabras de trámite. Si los cristianos son luz del mundo, también en el luto o en medio de una devastadora crisis económica, es porque su estilo de vida les hace creíbles y ofrecen a los demás de las razones de una esperanza fiable, según destacó Mons. Barrio. Conversión es, pues, la palabra clave en una encrucijada histórica para España, en la que la esperanza es más necesaria que nunca.

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