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La reina Fabiola, una vida plena

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Cuando el próximo viernes se abran las puertas de la Catedral de san Miguel y santa Gúdula, en la ciudad de Bruselas, para la celebración de los funerales de Estado de la reina Fabiola, el pueblo belga sentirá que se ha cerrado un capítulo destacado y complejo de su historia reciente. Fabiola, que llevó siempre en su corazón a su amada España, la tierra que la vio nacer en 1928, ha sido un ejemplo de fiel esposa de un rey, Balduino I de Bélgica, que se caracterizó por una vivencia íntima y coherente del Evangelio, que le llevó hasta el extremo de abdicar temporalmente de su reinado para no firmar la ley del aborto.Desde que en 1993 falleciera Balduino, la vida de Fabiola ha estado entregada a la caridad, al servicio de los más pobres y necesitados, a quienes además ha destinado gran parte de su herencia. La historia de Bélgica es, en gran medida, la historia de una Europa donde la presencia del cristianismo ha sido fuente de fecunda convivencia, y ha contribuido decisivamente a que biografías ejemplares, como la de la reina Fabiola, habiten en el corazón agradecido de su pueblo.Bélgica es una nación que afronta ahora importantes desafíos de convivencia entre sus comunidades, que vive el riesgo de la ruptura y del extravío por la pérdida de sus raíces, como advertía el papa Francisco recientemente en el Parlamento europeo. La vida de los reyes Balduino y Fabiola, con su servicio firme y discreto, puede ser una brújula para esta travesía incierta.

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