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¿A qué está esperando la comunidad internacional?

La diplomacia vaticana ha trabajado duro este verano. La persecución de los cristianos en Irak y Siria, víctimas de los terroristas del Estado islámico, llevó por decisión del Papa a Monseñor Filoni hasta Irak y a Monseñor Tomasi a comparecer en la sede de Naciones Unidas.En Irak se asesina, se viola y se venden seres humanos invocando  razones de tipo religioso. La comunidad internacional asiste atemorizada a las imágenes que los terroristas nos hacen llegar a través de las redes sociales. Ellos saben bien que la socialización del terror genera un estado de miedo que multiplica por mil los efectos de un asesinato. Y sin embargo, los responsables de detener esta barbarie no hacen todo lo que está en sus manos.La Santa Sede ha sido clara en sus llamamientos. Ante esta situación debe primar el principio del deber de protección de aquellos seres humanos cuyos gobiernos no pueden hacerse cargo de su integridad. En este sentido pidió el Papa Francisco una intervención que detuviera al agresor injusto, en la misma línea en la que sus predecesores habían insistido en el derecho de injerencia humanitaria o el deber de protección.Hace diez años la omisión de la comunidad internacional facilitó un genocidio que en Ruanda causó más de un millón de muertos. Las víctimas, cristianas y no cristianas, del Estado islámico, necesitan asistencia humanitaria, tanto como una intervención que les salve de una muerte. Si ésta no se evita, pesará de nuevo sobre la historia de Naciones Unidas.

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