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Línea Editorial 05/01/2014

El programa de Francisco: la conversión del corazón

El Papa no pretende reformar la fe, sino reformar a los fieles. Son palabras a la televisión bávara del Prefecto de la Casa Pontificia, monseñor Gänswein. Por su parte el director de La Civilità Cattolica ha relatado que, en un reciente diálogo, el Papa pedía a los superiores religiosos que cuiden la formación de los novicios, no sólo la intelectual, sino también la del corazón. «No estamos formando gestores, sino a padres, hermanos, compañeros de camino», les dijo el Papa. Francisco quiere cristianos, desde el obispo al último de los laicos, que ardan en deseos de salir a las periferias del mundo a anunciar a Cristo, y sientan como propias las alegrías y sufrimientos de los hombres. Ésa bien podría ser la síntesis básica de su programa de pontificado, y empieza por una conversión del corazón. El Papa volvió a exponer la idea en su tercer encuentro el viernes con sus hermanos jesuitas, en la iglesia de Jesús, la iglesia madre de la Compañía. Siguiendo el ejemplo de san Pedro Fabro, el recién canonizado compañero de san Ignacio, Francisco pidió a los jesuitas un corazón siempre en tensión. Si no ardemos en deseos de comunicar al Señor, les dijo, debemos «detenernos en oración», para que Él nos inspire a hacer «locuras apostólicas» como las que llevaba a cabo Fabro. Sólo si se está centrado en Dios, se puede salir a las periferias del mundo, les ha dicho el Papa a los jesuitas.

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