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LÍNEA EDITORIAL

Un Príncipe para la esperanza

El Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, cumple hoy sus 45 años en una jornada normal de trabajo que no oculta la tormenta que sacude los aledaños de la Casa Real, como consecuencia del “caso Nóos”. El conjunto de la sociedad española ha sabido muy bien separar este escandaloso caso de corrupción, aún por dilucidar, de la trayectoria intachable del heredero de la Corona, que ha dedicado su vida al servicio que el país espera de él. El príncipe Felipe, en efecto, es un ejemplo de transparencia en su función como heredero. En su reciente entrevista concedida a Televisión Española, el Rey don Juan Carlos aseguraba a los españoles que podían tener plena confianza en el Príncipe en la seguridad de que es el mejor preparado de la Historia de España, aparte de ser, como hijo, “una bendición del cielo” y una persona encantadora.   Eso lo saben perfectamente los españoles porque han seguido día a día su gran preparación intelectual, su capacidad de trabajo, seriedad y altura moral. En medio de la dureza de la crisis, de las amenazas de separatismo y del hartazgo que cunde por el descrédito de los políticos y de algunas instituciones esenciales, el Príncipe encarna la unión entre nuestra mejor tradición y la necesaria modernidad. Si la transición a la democracia queda ya lejos en la memoria, son los hijos de aquel momento crucial, simbolizados en el Príncipe, los llamados a proseguir la apasionante tarea de construir una España en la que sobresalgan las virtudes que hicieron grande nuestra nación sobre las miserias que hoy nos ensombrecen.