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Pongamos a Dios en el centro

Ayer por la noche la emblemática playa de Copacabana se convirtió en el centro de las miradas de todo el mundo. Allí, un hombre de 77 años y cientos de miles de jóvenes de todo el mundo celebraban su Fe en Jesucristo. Esa es la noticia. Durante más de dos horas y bajo la lluvia, jóvenes de los cinco continentes rezaron, rieron y lloraron con el Papa Francisco. Él les abrazó, que es lo que la Iglesia está llamada a hacer con todos y cada uno de los hombres y mujeres que Dios le ha confiado, les alentó y les rogó. El Papa Francisco habla con dulzura y naturalidad incluso cuando pronuncia palabras como revolución. Lo dijo ayer en Copacabana. La fe cristiana es revolucionaria porque nos descentra para que sea Dios quien ocupe el centro de la vida y de la historia. En un mundo marcado por el individualismo egoísta, el cristianismo posee una fuerza capaz de dar un giro copernicano. Jesucristo es ese sol que ocupa el centro y cuya luz genera vida e ilumina la existencia. El anuncio y la celebración de esta verdad es la que justifica y explica la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Y el Papa quiso hacerlo evidente en sus continuas interpelaciones al corazón de los jóvenes. ¿En quién ponemos nuestra Fe preguntó el Papa Francisco? Esa es la gran cuestión que el Papa confió a los jóvenes para que a través de ellos la Iglesia entera consiga hacer visible ante el mundo que solo Dios salva, repara, cura y ama incondicionalmente y para siempre.

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