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"No podemos callar"

Los avances del “yihadismo” en Irak y Siria provocan un cambio estratégico en la región más explosiva del mundo. La dramática situación, que viven cientos de miles de desplazados, obligados a huir de sus hogares por la horda de fanáticos que aterroriza las poblaciones ocupadas, es la que ha motivado la todavía tímida respuesta de la comunidad internacional. Pero el problema de fondo es hasta qué punto los países musulmanes, empezando por la vecina Turquía, están dispuestos a erradicar el yihadismo, cuando en los últimos años se ha estimulado la exacerbación religiosa como instrumento político. Esta ambigüedad explica los disturbios que se registran en Turquía donde las autoridades han declarado el toque de queda en cinco provincias kurdas, mientras el ejército se muestra indiferente ante el avance yihadista en la ciudad siria fronteriza de Kobani, donde vive una importante población kurda.El presidente Obama, tras reconocer el fracaso de los bombardeos de las zona controladas por los terroristas, admitía que no contaba con el apoyo efectivo de sus aparentes aliados, aunque trata de exculpar a la propia Turquía por ser miembro la OTAN. Lo urgente ahora mismo es atender a los refugiados. De ello se va a ocupar el importante consistorio convocado por el Papa tras el reciente encuentro en el Vaticano de representantes de la Iglesia en Oriente Medio, concluido con una declaración contundente: “No podemos callar, ni la comunidad internacional puede quedar inerte, ante la masacre de personas por su pertenencia religiosa o étnica”.

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