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Y COLORIN COLORADO, ESTA HISTORIA NO ES UN CUENTO

Un peluche llamado Adriana

No es un cuento. TP-4 jugaba en la calle aquel 17 de junio de 2014 como lo haría cualquier niña china en su país a pesar de tener sólo seis añitos. Desde hace cuatro vive en España con sus padres, propietarios de un pequeño comercio en el barrio madrileño de Ciudad Lineal. La madre en el mostrador y la niña frente a la tienda haciendo pulseras de plástico con gomas de colores. En un segundo la pierde de vista. La mujer se desespera y rompe a llorar: su hija ha desaparecido. Un cliente que llega en ese momento llama a la policía. Los agentes comienzan la búsqueda pensando siempre en lo peor.
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Cuatro horas después, en torno a las 11 de la noche, es la criatura la que busca a su madre. En otro punto de Madrid, en la calle Jazmín, una joven de 25 años, Adriana, escucha la voz de una niña cuando regresa de pasear a su perro. “Quiero ir con mi mamá”, repite y repite entre sollozos. Sorprendida, se acerca, le pregunta, se agacha para consolarla a sus 90 cm de altura. La toma en sus brazos, la besa, le da calor y cariño sin saber de dónde venía. Desconcertada por lo que medio entiende entre balbuceos, Adriana llama a su padre por teléfono y éste acude a ayudarle. Las preguntas del padre empiezan a despejar la duda: la niña viene del infierno, de la peor tortura que cabe imaginar en cabeza humana. -”Me ha dejado aquí un amigo”-”Pero un amigo bueno o malo?” -pregunta el hombre--”Malo”-”Y te ha hecho daño?, te ha pegado?”La criatura asiente con la cabeza mientras se agarra fuerte al regazo de su rescatadora.“Estaba muy asustada y tenía el pelo húmedo, como de haber sido bañada, oliendo a limpio sin especial olor a colonia o champú”, leemos en el acta de declaración de Adriana ante la policía. Son las diligencias previas 2022/14 por un delito de agresión sexual contra esta niña llamada a partir de entonces TP-4 (Testigo Protegido número 4), segundo caso en una lista de cinco agresiones consumadas contra menores y tres intentos fallidos perpetrados por el presunto pederasta Antonio Ángel Ortiz Martínez.El padre de Adriana llamó al 112 y la policía a los servicios sanitarios que trasladaron a la niña al hospital. Los peores pronósticos se confirmaron. La pequeña presentaba gravísimas lesiones físicas víctima de una terrible agresión sexual que le llevaron a estar en torno a un mes hospitalizada y muchas semanas como ausente, casi sin hablar. El pasado martes, 18 de noviembre, pudo sentarse por fin ante la juez que lleva el caso, María Antonia Torres, con un esmero especial. Interrogar a una niña de seis años a la que hay que recordar su dolor. “No es un interrogatorio, es un juego entre caramelos, cromos, risas...”, dicen personas que lo han conocido de primera mano. Antes, la criatura tuvo que identificar entre varios fortachones quién era “el amigo malo” que interrumpió su juego aquella tarde y convirtió su vida de princesita en una noche de terror. -”¿Está ahí el hombre malo?” -le preguntan al empezar la rueda de reconocimiento judicial--”Si”-”¿Quién es?''La niña señala con el indice al extremo de la fila. Como la Justicia es ciega y la ternura no es una eximente, son los profesionales los que ponen la parte humana de la Ley. Con cuidado y cariño le piden que concrete un poco más ante el monstruo que la “partió en dos”. Y la niña dice con claridad:-”El número 5”.¡Bingo!, piensan varios en el entorno de la pequeña. La víctima más frágil y débil ha desenmascarado a la bestia más imponente. -”Te has portado muy bien. ¿Qué quieres que te regale?” -le pregunta alguien próximo-.-”Una estrella”, responde la niña.Al día siguiente, ya en casa, la pequeña recibe su estrella, unos lacasitos de chocolate y un perrito de peluche. La cría se sorprende con el perro, al que abraza corriendo.-”¿Y cómo lo vas a llamar?” -pregunta su amigo, este si, de verdad--”¡Adriana!”, le sale al instante, sin pensarlo ni un segundo.Nadie lo entiende. “Vaya nombre más raro para un perro”, piensa su amigo. Pocos conocen en ese momento los detalles del sumario: Adriana le dió el primer abrazo después de salir del infierno. Entre tanto horro de aquella noche, sólo recuerda el cariño. El último gesto de grandeza de una criatura de seis añitos a la que partió en dos una sanguijuela de 42, presuntamente.… Y colorín colorado, esta historia no es un cuento.Un peluche llamado Adriana

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