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TOROS | Oreja de compromiso para Talavante en Olivenza

De pecados y penitencias

La desastrosa corrida de Zalduendo lidiada este domingo echó por tierra las ilusiones del último festejo de la feria de Olivenza. La oreja de consolación para Talavante en el sexto fue el único premio de la tarde.
Alejandro Talavante paseó la última oreja de la Feria de...
Alejandro Talavante paseó la última oreja de la Feria de Olivenza. EFE

Olivenza (Badajoz), domingo 3 de marzo de 2013. 3 de feria. Lleno. Cinco toros de Zalduendo y uno sombrero de Garcigrande (4bis), de terciadas hechuras salvándoles las caras. Mansos, descastados y flojos. Morante de la Puebla, silencio y saludos. José María Manzanares, silencio y saludos. Alejandro Talavante, saludos y oreja. No se preocupen, los toreros volverán a pedir para anunciarse una corrida de Zalduendo. Y por si acaso, la empresa comandada por José Cutiño comprará para sus plazas el resto de la camada de Zalduendo. La torpeza y miopía funcional del mundo del toro hace tropezar una y otra vez a sus protagonistas en ganaderías de tan lamentable bagaje como la de Fernando Domecq. Da igual que todos los años los 'zalduendos' deparen un espectáculo tan alejado de la emoción que debe propiciar el toro de lidia como el vivido este domingo en Olivenza. El entramado taurino, tan endogámico y ufano él, seguirá tratando con honores a 'uno de los suyos'. En el pecado llevarán la penitencia. La tarde tuvo tan escasos argumentos como casta el encierro de Zalduendo. Morante dejó un bien ramilletes de verónicas de recibo a su primero, un vistoso quite por chicuelo y algún detalle suelto a su primero. El cuarto salió buscando tablas desde el inicio de la faena. La gente protestó y el desnortado palco de Olivenza cambio al toro. Entonces llegaron los tejemanejes de callejón con Morante y su nuevo hombre de confianza, Antonio Barrera, pretendiendo correr turno y no lidiar el primer sobrero previsto del hierro titular. La autoridad cedió y saltó al albero oliventino un sobrero de Garcigrande de bastas hechuras que no desentonó del manso encierro de Zalduendo. Morante dejó de nuevo destellos de su toreo, sobre todo en un suave y acompasado inicio de faena. José María Manzanares deambuló toda la tarde por el ruedo sin encontrarse a sí mismo, ni oponentes enfrente. A su primero le intentó sujetar en los medios siempre que el burel emprendía huida hacia tablas. Y con el descastado quinto ligó una faena de largo metraje pero escaso contenido artístico. Lo mejor, la estocada con la que pasaportó a este toro.Talavante, sin redondear nada, al menos sí puso algo más de ganas en sus dos toros. Sumó muchos pases ante su descompuesto primero pero falló a espadas. Se repitió el planteamiento de faena con el que cerró plaza, el que más movilidad sacó. Faena larga y profusa en pases pero de escaso poso. La gente, hastiada del espectáculo vivido, quiso recompensar las ganas del extremeño con una oreja dadivosa.

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