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El Papa, contra el olvido de los enfermos de Huntington

Los enfermos de este mal degenerativo, el mal de Huntington, más conocido como el "baile de San Vito", han encontrado un aliado en el Santo Padre que les ha recibido en el Vaticano.

 
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El Papa Francisco ha recibido a un grupo de familiares y enfermos de Huntington, un trastorno genético mortal que no tiene cura y que afecta a 2,7 de cada 100.000 personas en el mundo, con una mayor incidencia en América Latina.

Esta enfermedad mortal suele aparecer entre los 30 y los 50 años de edad de un individuo y sus síntomas son los movimientos involuntarios junto a problemas de salud cognitivos o mentales, como la depresión, el olvido, cambios de humor o el juicio deteriorado.

El vicepresidente de la Fundación CHDI, que se ocupa de este mal, Ignacio Muñoz-Sanjuán, ha explicado en el Vaticano que la enfermedad es "particularmente prevalente en Latinoamérica" aunque aún se desconocen las causas a falta de "estudios epidemiológicos serios". El científico español señaló que en Venezuela, Colombia, Perú o Brasil hay pueblos de entre 3.000 y 12.000 habitantes en los que entre el 1 y el 5 % de la población son sintomáticos y entre el 30 y el 40 % de los habitantes están en riesgo de padecer el mal.

Muñoz-Sanjuán alertó de que en Latinoamérica está creciendo de "manera exponencial" ya que las familias aún son muy numerosas, sobre todo en zonas rurales y pobres, y la enfermedad es genética, es decir, hereditaria de generación en generación.

Un caso es el de la venezolana María Esther Soto, que ha llegado a Roma junto a sus otros dos hermanos, Fanklin y Yosbely, todos ellos enfermos, para pedirle al papa argentino que les ayude porque en el pueblo donde viven, Barranquitas, pasan "muchas necesidades". María Esther padece Huntington desde hace seis años, algo que puede apreciarse por las constantes convulsiones de sus brazos, y emocionada, con lágrimas en los ojos, asegura que ha viajado hasta Roma para pedir una mejora de su vida y de la de sus vecinos.

Otro caso es el de la colombiana Dilia, quien no padece la enfermedad pero que la conoce a la perfección: Su marido, el portador, murió de ella y además se la transmitió a todos y cada uno de sus nueve hijos, de los cuales cuatro ya han fallecido.

La puertorriqueña Zoe Cruz llegó al Vaticano junto a su madre, postrada en una silla de ruedas por el mal, y aseguró que el Huntington forma parte de su vida no solo porque su abuela y su tía también lo padecieran sino porque ella misma lo tiene diagnosticado. Sin embargo, a sus 40 años, no ha apreciado síntomas pero asegura que le quedan unos ocho años de vida normal antes de que se active.

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