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Pakistán debe abolir la ley de la blasfemia

La justicia paquistaní confirmó ayer la condena a muerte a la cristiana Asia Bibi, a la que ya sólo le queda la posibilidad de apelar al Tribunal Supremo para librarse de la horca. Como ella, otras muchas personas han sido injustamente condenadas en Pakistán por presunta blasfemia contra el Islam, pero el caso de Asia Bibi es especial, ya que esta mujer se ha convertido en una especie de estandarte de la movilización internacional contra una ley que, de manera arbitraria, se utiliza como arma arrojadiza contra las minorías en Pakistán. Asia, una campesina madre de cinco hijos, fue condenada hace 4 años sin pruebas. Bastó con la acusación de dos vecinas, a quienes, de forma pacífica, se limitó a plantar cara, después de que ellas le insultaran por su condición de cristiana. Sucedió lo habitual en estos casos. Un juez corroboró la acusación. Desde entonces, los recursos de la defensa se han ido posponiendo sistemáticamente por miedo de los tribunales a juzgar sobre una materia socialmente muy sensible. Un ministro y un gobernador han sido asesinados entretanto por defender a Asia Bibi, igual que les ha ocurrido a varias personas absueltas de blasfemia, asesinadas por radicales después de su liberación. Las minorías radicales han logrado imponer su ley, algo muy preocupante en un país con armamento nuclear y en permanente estado de tensión con sus vecinos.

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