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TOROS | 2ª Feria de San Miguel

Pagar tanto para ver tan poco

El Cid, Castella y Escribano sólo han dejado detalles en sus respectivas faenas y  han sido ovacionados en una tarde en Sevilla marcada por la mansedumbre, la falta de casta y fuerza de los toros de Juan Pedro Domecq, Parladé y Daniel Ruiz.
Derechazo de Sebastián Castella este domingo en la Real Maestranza....
Derechazo de Sebastián Castella este domingo en la Real Maestranza. JOAQUÍN ARJONA

Para hacer el toreo hay algo que es determinante: el toro. Sin él la estética en la lidia se convierte en un “baile” con trazos mecánicos e insustanciales que cansan, aburren y provocan el bostezo. Insoportable espectáculo de dos horas y media, tedioso y anodino, lleno de tiempos muertos  en que se ha convertido la corrida de toros sin toros. Impresentable comportamiento del combinado encierro de los pupilos de Juan Pedro-Parladé-Daniel Ruiz. Toros con el mínimo exigible de presentación para tan importante plaza. Mansos, descastados, desfondados y con la nobleza habitual del toro moderno. Y así es imposible. La emoción de la lidia se convierte en desánimo. En cabreo de una gente que no entiende como le exigen pagar tanto por ver tan poco.Ya digo, un auténtico esperpento. De nada vale la calidad almibarada de una embestida si ésta dura un suspiro. De nada vale el espectacular galope al cite si al llegar el animal a la tela desfondado queda. Y así uno, y otro, y otro… hasta acabar con el rito convirtiéndolo en el más aburrido de los espectáculos. Así que el detalle prevaleció sobre el conjunto de la cansina y larga tarde. Detalle en las verónicas de El Cid al sobrero de Juan Pedro Domecq lidiado en cuarto lugar. La ondulante expresividad de un capote  que se meció lento y a compás con total golpe de efecto. Lo mejor de un Cid que anduvo en tono medio con el soso y rajado primero de Daniel Ruiz. La faena, con demasiada intermitencia, intercaló buenos y regulares muletazos marcados, quizá, por la amplitud y desajuste del pase que provocaba sensación no muy grata y muy mal llevada. Con la izquierda no hubo opción. El toro se rajó. Más breve aún anduvo con el descastado cuarto, con el que dejó la muestra de dos naturales de marca. Y no hubo más. Tras la estocada le ovacionaron con fuerza  en recuerdo de su excelso toreo de capa. A Castella le obligaron a saludar tras el arrastre del segundo. Un detalle teniendo en cuenta la deshilvanada faena. Pero el francés mostró su estilo en una serie diestra templada y ligada con un cambio de mano y un natural de ensueño. Después buscó las cercanías en un intento de provocar la emoción que no tenía el toro. Y con el inválido quinto todo quedó en  lo anodino de una lidia sin un mínimo contenido. Detalles y afán de triunfo de un Escribano que se la jugó con dos cojones en un par de de banderillas, sentado en el estribo y clavando por los adentros, espectacular. Tan emocionante fue que el público puesto en pie le aplaudió con fuerza. Detalle de las dos portagayolas. La espera de rodillas delante de chiqueros sin inmutarse y el aguante en el cite al manso sexto se hizo trágica y emocionante. Detalles. Sólo de detalles, porque ni antes con el parado tercero, ni después con el descastado último no hubo más que firmeza y ganas de agradar. FICHA DEL FESTEJO Sevilla, domingo 28 de septiembre de 2014. 2ª de Feria. Media plaza. Toros de Juan Pedro Domecq (3º, 4º lidiado como sobrero y 5º) Parladé (6º) y Daniel Ruiz (1º y 2º) Desiguales de presencia, mansos, descastados y flojos. El Cid, silencio y ovación. Sebastián Castella, ovación y silencio. Manuel Escribano, ovación y silencio.

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