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Línea Editorial 30/01/2013

Pacto político contra la corrupción

La sesión de control en el Congreso ha servido para que se escenifique un debate que esperemos no contribuya a deformar más la realidad. La corrupción es un síntoma de la degradación moral de la política y de la sociedad. La propuesta de Rajoy de “actuar con contundencia, celeridad y ejemplaridad” ante los casos de corrupción debe estar avalada por la coherencia en la investigación y en las medidas subsiguientes sobre el caso que afecta a su partido. Pero es inaceptable que Rubalcaba base su argumento en que el PP tiene un problema de corrupción, sin la más mínima autocrítica y sin percibir que el suelo de su partido también es movedizo. De nada sirve tirarse los trastos a la cabeza: lo que urge es un diálogo de fondo conducente a un pacto político de Estado contra la corrupción, con medidas concretas. El problema de la corrupción es trasversal y debe ser abordado desde unas sólidas bases morales y legales, y desde la formación de las conciencias. La corrupción no entiende de siglas; exige una común responsabilidad por parte de todos y debe ser atajada con radicalidad en donde florece con mayor saña. El hecho de que tres diputados del recién elegido Parlamento catalán, que están imputados, vayan a ocupar cargos de relevancia en diversas comisiones es una sangrante evidencia de la voluntad de algunos de no afrontar esta lacra. La lucha contra la corrupción es una responsabilidad ante la viabilidad del sistema democrático.

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