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Otro problema internacional: qué hacer con Asad

Después de tres años de una guerra civil que ha costado la vida a más de 150.000 personas, con medio país en ruinas y más de dos millones de refugiados en países vecinos, Siria ha vuelto a elegir como presidente a Bachar El Asad, con el 90 por ciento de los sufragios. La primera consecuencia es la defunción de las difíciles negociaciones para alcanzar una paz que, desde primer momento, se ha hecho imposible por la intervención en el conflicto de las milicias yihadistas, llegadas de diversos países árabes y europeos, entre ellos España. Es lo que ha advertido el hasta ahora mediador de Naciones Unidas, el argelino Lajdar Brahimi, que días pasados decidió arrojar la toalla ante el fracaso evidente de sus esfuerzos pacificadores. Precisamente ayer se reunieron en Bruselas los dirigentes del G-7 para intensificar la lucha contra la amenaza que suponen las células terroristas que se ocupan de reclutar combatientes para Siria. Pero a partir de las elecciones que han refrendado el mandato de Asad, el problema que se plantea a la comunidad internacional, es hasta qué punto debe reconocer su victoria para enfocar unas nuevas negociaciones de paz desde una perspectiva más realista. Porque la evidencia es que Asad no solo ha ganado en las urnas sino que está ganando también la guerra a una oposición rebasada por el “yihadismo” financiado por los regímenes islámicos radicales.