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LÍNEA EDITORIAL

Otra vez la ducha fría de la EPA

La encuesta de población activa ha vuelto a mostrar que todavía no ha tocado fondo el foso más profundo de la crisis económica: el paro, que ya roza la cifra récord de los seis millones de personas. El dramático dato era, por otra parte, el previsto por el Gobierno, que todavía espera que prosiga la espiral como consecuencia de la reforma de la Administración Pública y de los ajustes en el sistema bancario. Además del drama humano de cada uno de estos nuevos parados, la destrucción de puestos de trabajo hace que disminuyan los ingresos del Estado y de la Seguridad Social, mientras aumentan las prestaciones. Un círculo vicioso que se traduce en déficit y en consecuencia, en un solidario aumento de impuestos.   Detrás de la fría estadística están las personas que sufren en sus carnes los efectos devastadores de la crisis, el pasado año los hogares con todos sus miembros en paro subieron hasta 1.833.700. Para tener una imagen completa del momento actual hay que señalar la existencia de una amplia economía sumergida, que según las estimaciones de los inspectores de Hacienda produce un 25 por ciento del Producto Interior Bruto. Por otro lado los signos de confianza en España que muestran los mercados, traducidos en nuevas inversiones extranjeras de las que ayer hablaba el rey don Juan Carlos. Pero es evidente que mientras no empiece a recuperarse el empleo, ningún paliativo generará la esperanza que la sociedad necesita con urgencia.