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TOROS | Buena novillada de El Parralejo

Oreja para Román, Lama de Góngora y Soler en Castellón

Los novilleros Román Collado, Lama de Góngora y Vicente Soler cortaron una oreja cada uno en el tercer festejo de la Feria de la Magdalena, celebrado este miércoles en Castellón, en el que destacó el buen juego de los novillos de "El Parralejo".
Derechazo de Román durante su actuación este miércoles en Castellón....
Derechazo de Román durante su actuación este miércoles en Castellón. EFE

Castellón, miércoles 6 de marzo de 2012. 3ª de Feria. Un tercio de entrada. Novillos de "El Parralejo", bien presentados y de buen juego, excepto el manso tercero y desrazado sexto. Aplaudidos los arrastres de primero, segundo, cuarto y quinto. Román Collado, oreja y ovación. Lama de Góngora, oreja y ovación. Vicente soler, que debutaba con picadores, palmas tras dos avisos y oreja.   El novillo que abrió plaza tuvo nobleza, prontitud y mucha clase, lo que aprovechó Román para estructurar una labor compacta y de buen nivel sobre ambas manos, en la que destacó sobremanera en el toreo al natural. Vibrante labor del valenciano que le valió un trofeo. El cuarto tuvo mucho picante, y aquí Román estuvo por momentos. Le costó cogerle el aire a un novillo que embestía con fuerza y por abajo, pero al final, a base de firmeza, surgieron un par de tandas de derecha de buena ejecución, aunque al conjunto le faltó unidad y, sobre todo, poder a un animal tan encastado. Lama de Góngora se las vio en primer lugar con un novillo de muchas posibilidades con el que brilló de capote a la verónica, y al que instrumentó una faena de muleta de muchos quilates por el concepto elegante y templado que atesora, amén de los remates entre series y otros alardes de notable pinturería. Cortó una oreja. El quinto fue un gran novillo por bravura y buen son, y de nuevo se vio un Lama de Góngora capaz y sereno para diseñar una faena firme y poderosa que le hubiera valido otra oreja, y la correspondiente Puerta Grande de haber matado a la primera. Soler fue todo voluntad frente a su primero, novillo manso, que planteó serias complicaciones al joven torero local, al que banderilleó con soltura y al que se impuso a base de arrestos y de jugársela ante un animal que enseguida buscó las tablas. Se eternizó con el descabello y cambió el premio por dos avisos. Con el que cerró festejo, otro novillo deslucido por su falta de raza, Soler se mostró otra vez afanoso y variado, y como aquí sí entró la espada a la primera paseó un apéndice.