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Obsesión por Franco

En Cataluña parece haberse desatado una epidemia de antifranquismo. A pesar de que Franco murió hace ya casi 40 años y dos generaciones han crecido bajo un régimen constitucional, algunos están empeñados en seguir viviendo contra la dictadura. El pasado fin de semana, Artur Mas acusaba a los tribunales de franquistas delante de la tumba de Companys. No se entiende por qué se relaciona a unos jueces que hacen cumplir la legalidad constitucional con la dictadura. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha promovido una exposición en la que aparece una estatua de Franco decapitada, y el Parlament quiere anular los juicios políticos que se celebraron entre 1937 y 1938. Esta forma de hacer política,  que necesita siempre un enemigo, refleja pobreza para afrontar las tareas reales. En lugar de construir resucita fantasmas del pasado para alimentar una confrontación ideológica que estaba superada. La transición española supuso una decisión de mirar hacia delante. Nadie se reconoce en la falta de libertades de la dictadura, nadie la reivindica. Los comunistas de los años 70, que sí sufrieron la dictadura, tuvieron más inteligencia y más amor por el país que algunos políticos de la nueva izquierda y del independentismo que solo han conocido a Franco por los libros de texto.

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