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LÍNEA EDITORIAL

En nuestra memoria

Este lunes se cumplen nueve años del atentado más sangriento que ha sufrido nunca nuestro país. El 11 de marzo de 2004 murieron asesinadas 192 personas. Lo primero y fundamental es un recuerdo de las víctimas, de las que perecieron y de las que han sufrido secuelas de todo tipo. La oración por los fallecidos tiene un gran valor. No podemos recordar el 11M sin ir hasta el fondo de lo ocurrido, sin  la perspectiva del destino último de aquellos a los que se les arrebató la vida.   Con el 11M ha sucedido algo extraño en España. Es como si todo el mal que provocaran las bombas se haya prolongado durante mucho tiempo y ahora, de forma equivocada, parezca que la única solución sea el olvido. Los atentados se utilizaron ideológicamente para dividir a la sociedad española. Los muertos se utilizaron políticamente. Y se hizo mucho daño con las investigaciones sobre lo sucedido. Unos quisieron echar tierra sobre el asunto demasiado pronto, otros explotaron mediáticamente las aparentes incoherencias. Al final pareció que lo más sano era pasar página. Quizás esa pueda ser la solución durante un tiempo. Pero con la serenidad necesaria,  y sin instrumentalizaciones de ningún tipo, en algún momento la sociedad española tendrá que volver a mirar a la cara la herida del 11M. Habrá que reabrir lo que no quedó esclarecido en el juicio y enfrentarse a la verdad de lo sucedido antes y después de que estallaran las bombas. 

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