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Necesitamos un orfebre, no un cirujano de hierro

La misión del Gobierno de España, dada la gravedad del momento, consiste en tomar decisiones que, por el bien de todos los españoles, resuelvan los conflictos que amenazan el orden institucional y la convivencia. Es verdad que el hartazgo, la frustración y la sensación de orfandad invitan a muchos a exigir al Gobierno de Mariano Rajoy una contundencia que a veces tiene más de destrucción del contrario que de ejercicio razonable del poder. Otros, sin valorar las consecuencias, parecen estar reclamando la explosión del sistema. Unos y otros olvidan que en situaciones duras como la presente son precisamente las instituciones las que garantizan la estabilidad y el mínimo de continuidad necesaria. No tiene sentido jugar a deslegitimar al Gobierno de España con proclamas catastrofistas que pretenden hacer creer a la ciudadanía que el nuestro es un Estado fallido.Lo sucedido el pasado día 9 en Cataluña no es solo un desafío al Estado, sino a la sociedad española en su conjunto. Por eso es de justicia exigir al Gobierno que restaure la normalidad alterada sin que por ello deba sucumbir a la tentación del todo o nada. No hay tiempo que perder. Es hora de que el Gobierno se haga más presente en Cataluña y dialogue de tú a tú con la sociedad catalana, más que con los partidos. Y para ello debe ser fuerte, resistir la tentación de los extremos que buscan una colisión frontal, defender la ley y argumentar los bienes de la unidad con inteligencia y perseverancia. 

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