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Mundial de Sudáfrica 2010 (Primera Parte)

De 

Quedan horas para que empiece el Mundial 2014 en Brasil. Llevamos meses repasando la Historia de los Mundiales con Brazuca 2014, y estamos llegando al final del camino. Este Mundial sí que no lo vamos a olvidar nunca, Evangelio, Padilla... No, señor. Pero como llevamos todo el año cebando, vamos a acabar la temporada cebando: eso lo vamos a dejar para la semana que viene. Esta semana también  hay que hablar de algo que no sabemos cuándo volveremos a vivir. De un Mundial... en África... Tras el escándalo por la supuesta compra de votos a favor de Alemania para organizar el Mundial de 2006, la FIFA quiso compensar y sólo admitió candidaturas africanas para 2010. Libia y Túnez querían ir juntos, y como no les dejaron, se retiraron. Egipto no consiguió ni un voto. Marruecos consiguió 10. Y Sudáfrica, que había perdido por un voto en 2006, ganó con 14 votos. Mandela, emocionado, levantó aquél día la Copa del Mundo. Aunque el proceso fue duro. Durante esos años previos a la cita, muchos pidieron que se le quitara el Mundial a Sudáfrica, como Beckenbauer (siempre Beckenbauer). La FIFA intentó lavar la imagen del país organizador y nos invitó a unos cuantos periodistas de varios países a viajar a Sudáfrica, para que conociéramos un par de sedes,  pudiéramos visitar tres estadios, el impactante museo del Apartheid de Johannesburgo, y el edificio donde comenzó la carrera política de Mandela, hoy convertido en hotel, en el corazón de Soweto. Sí que hubo tensiones en los meses previos, con los obreros protestando por cobrar sueldos horribles por muchas horas de trabajo en condiciones más que dudosas. O con los partidos blancos protestando porque se puso a un estadio el nombre de Peter Mokaba, activista negro que cantaba cosas como “kill the boer”, que en su sentido más amplio quería decir: “matar a los blancos”. El torneo, al final, es otra prueba de madurez para una sociedad económicamente muy desigual, que continúa cerrando heridas del pasado...  Al final, a pesar de los miedos, el torneo es un éxito. Está claro que hay algunos problemas, como los atascos, que afectan por ejemplo a la selección española, que está concentrada lejos de Johannesburgo; algunos robos aislados; el frío extremo en algunos partidos (verdad, ¿Toni?), pero en general Sudáfrica consigue lo que se propone, que es exportar una imagen positiva al mundo... Además, la figura del anfitrión, de Nelson Mandela, es tan potente que sirve de reclamo para los visitantes y se convierte también en imagen del campeonato. En la prisión de la isla de Robben, dónde pasó 27 años de su vida antes de llegar a ser presidente de los negros y también de los blancos, se juega una liga de fútbol como símbolo de resistencia, de optimismo. Y una de sus últimas apariciones públicas se produce unos días antes de la final. Esos días, Mandela sufre la pérdida de su bisnieta, que tiene un accidente de coche al regreso del partido inaugural. Pero ante la audiencia aparece sonriente y, como siempre, dando imagen de unidad... ((La unidad no es total. Las brechas están ahí, lo notan sobre todo los holandeses. Los 'Boer', establecidos en el poder, crean el apartheid, una clasificación racial de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia. Discriminación sistemática. Los negros, mestizos e indios, son expulsados de las ciudades y mandados a villas marginales. Una de ellas, Soweto, un símbolo, y lugar donde se encuentra el Soccer City)).   Esa es la razón por la que la selección de Holanda es abucheada en muchos de sus partidos. Muchos blancos sudafricanos van con Holanda, tierra que sus antepasados abandonaron hace más de 3 siglos. Y muchos sudafricanos de raza negra prefieren animar a Inglaterra, debido a la tremendo impacto que tiene la Premier en su país. La televisión pasa prácticamente todos los partidos, y no es extraño ver un póster gigante de Cesc Fábregas (entonces jugador del Arsenal) antes de entrar en el estadio a ver el derbi de Soweto entre los Kaiser Chiefs y los Orlando Pirates. Sin embargo, el Mundial sí que ayuda a continuar cerrando heridas del pasado. Tuve la oportunidad de tomarme un café con Matthew Boot, el único blanco titular en la Confederaciones del 2009. En 2010 quedó fuera de la lista, aunque lo entendía por su bajón físico. Preguntado por el Mundial, me contó que “Ahora una generación crecerá pensando que podemos organizar un Mundial unidos. Que podemos. Como en 1995, con la copa del mundo de rugby, aprendimos que unidos, podemos ganar. Y separados, no podemos”. Este es el Mundial del waka-waka, que escucharemos en el último capítulo (no creo que desvele ningún secreto), el Mundial de las vuvuzelas, el de los cascos decorados con motivos futboleros, que han ido llevando los hinchas sudafricanos durante años. Es el Mundial en el que el gobierno de Corea del Norte contrata a mil actores chinos para animar a su selección en Sudáfrica (y les entrena para ello, claro). Y por supuesto, es el Mundial del plantón de la selección francesa a su seleccionador por echar a Anelka de la concentración; es el Mundial del Jabulani; o el de Maradona poniéndose un poquito pesao, como dice Del Bosque... Pero lo más importante de todo es que el Mundial, además de mostrar Sudáfrica al mundo, sirve para unir a los africanos, más aún cuando Ghana está a punto de convertirse en semifinalista. Se queda a un penalti. Y el que marca la diferencia es Sebastián Abreu, el 'loco'. Al que, a la hora de lanzar un penalti decisivo, se le ocurre... pues una locura. Y la masculla unos minutos antes, con su compañero Fucile... Uruguay pasa, y Ghana cae. Pero lo que queda para siempre es el sentimiento de unión entre los hinchas africanos. Lo puede atestiguar el cantante N’kaan, que cantó esta canción. N'kaan es de Somalia. Se largó de la guerra y se refugió en Canadá, dónde acabó cantando rap. Mientras él cantaba en el Mundial, miles de somalíes se jugaron la vida por el Mundial. En los territorios controlados por los islamistas, si te pillaban mirando fútbol te podían matar. “Esta es la fuerza de de este deporte: nos une” dijo N’kann.Mundial de Sudáfrica 2010 (Primera Parte)

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