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TOROS | Impresentable corrida de Juan Pedro Domecq

Morante y Luque prenden las Fallas

Finalizó la Feria de Fallas de Valencia con una gran faena de Morante de la Puebla que no pudo redondear con la espada y el triunfo de Daniel Luque, que paseó tres orejas. Lo peor, la inválida y chica corrida de Juan Pedro Domecq.
Morante y Daniel Luque firmaron lo más destacado del último...
Morante y Daniel Luque firmaron lo más destacado del último festejo de Fallas. EFE

Valencia, martes 19 de marzo de 2013. 12ª de Feria. Tres cuartos de plaza. Tres toros de Juan Pedro Domecq y dos de Parladé (el 2º como sobrero), mal presentados, terciados, desrazados e inválidos. Manejable el 4º y con duración el 5º. Un sobrero de Jandilla (6º bis), bien presentado y con buen fondo. Enrique Ponce, silencio y saludos tras aviso. Morante de la Puebla, silencio tras aviso y vuelta. Daniel Luque, oreja y dos orejas. Lo que iba camino de un suplicio por culpa de un indigno encierro de Juan Pedro Domecq, carente de casta, fortaleza y la mínima presentación exigida, lo arreglaron al final Morante de la Puebla y Daniel Luque. Quien salió damnificado por el encierro de Juan Pedro fue Enrique Ponce. En el pecado lleva la penitencia. Sevilla se impuso a Valencia. Morante tuvo que caer de pequeño en la marmita de la poción mágica. Pero no en la que daba poder físico como al grandullón del cómic galo, sino en la del arte y la torería. Porque si no, no se explica lo que realizó este martes en el último festejo de la Feria de Fallas. Puro caviar ante un torete feo y terciadito, todo hay que decirlo, por el que apostó desde el principio el torero sevillano. Tras un soberbio recibo a la verónica, llegó un turno de quites en el que Daniel Luque salió por gaoneras y Morante por unas ajustadas y gráciles chicuelinas. El de La Puebla del Río, muleta en mano, ligó una faena en tono creciente. Asentado y siempre dispuesto, Morante fue desgranando series de gran intensidad, ligando siempre en el sitio y acompañando con todo su cuerpo los lances que fue dejando. No se cansaba el sevillano de estar en la cara del toro. Ora por naturales ora por derechazos de un compás y una estética inigualable. Lástima del pinchazo hondo que necesitó de dos descabellos. A pesar de ello, la faena de Morante queda ya inscrita como la mejor de las Fallas 2013. Antes, el segundo de Juan Pedro volvió a los corrales tras dar muestras de su invalidez. En su lugar saltó un sobrero de Parladé que llegó totalmente desfondado al último tercio. Sólo permitió a Morante estirarse a la verónica de inicio y rubricar este saludo con dos preciosas medias y una garbosa revolera. La faena de muleta fue un simulacro con el toro apagándole poco a poco. Sin embargo las energías que reservó el toro las utilizó para perseguir a Morante después del primer golpe de verduguillo. Arreón tremendo con Morante empujado por el testuz del toro hasta más allá de los medios que quedó afortunadamente en un susto y con un corte en el pie por culpa del descabello. Quien abrió a la postre la última puerta grande de la Feria de Fallas fue el también sevillano Daniel Luque. Tres orejas y sobre todo una buena faena al sexto, un sobrero de Jandilla que, sobre la bocina, fue el mejor astado de la tarde. Luque trenzó una faena a más, bien ligada y mejor resuelta, con el temple y el mando que demandó el buen toro de Jandilla. Un final por 'luquesinas' terminó por hacer explotar la obra. Lo pasaportó de una estocada trasera y caída que dio paso a la concesión de dos orejas pedidas por el festivo público valenciano. Una más había sumado en el tercero, un ejemplar de Parladé que fue otro torete impresentable que rozó la invalidez. Luque había estado por allí impostando posturas y corriendo la mano a media altura en una labor templadita pero carente de continuidad que fue rubricada con otro espadazo trasero y caído. Que el primer toro no tenía el trapío suficiente para Valencia y que además era un invalido lo sabían Ponce, el presidente del festejo y el público. Y mientras que el público protestaba la endeble condición del 'juanpedro', el diestro se empeñó en sosterlo en pie durante el tercio de varas y el presidente se hizo el loco y lo mantuvo en el ruedo. Así que mientras fueron lógicas las protestas del tendido, no lo fueron las muecas de disgusto de Ponce cuando el toro se mostró lisiado para seguir su muleta. No se puede tomar por tonta a la gente. Este cuento está ya muy visto. Todo lo que no pudo estar delante de la cara de ese primero lo suplió Ponce con el desrazado pero nobilísimo cuarto, al que realizó una faena de largo metraje y de escaso ajuste. Se agradeció el esfuerzo del valenciano, que falló tanto con la espada como con el descabello.

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