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Mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal Coreana

Monseñor Kan U-il invita a acoger al Papa como el mensajero de la esperanza

La «guerra fría» con el Norte, la disparidad económica y social, los conflictos que amenazan a Asia: son estos los «dolores» de Corea del Sur, que recibe al Papa y que de él debe aprender y apreciar la paz y la reconciliación sin más divisiones estériles. Los escribe el presidente de la Conferencia episcopal coreana y obispo de Cheju, monseñor Pietro Kang U-il, en un mensaje que tiene por título: «Compartamos la paz del Papa Francisco».
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En el texto, el prelado invita a la entera población a «abrazarse el uno con el otro, en espíritu de tolerancia y armonía, en pleno acuerdo de amor y la esperanza que el santo Padre quiere comunicarnos». A continuación el texto completo del mensaje.

Compartamos la paz del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, dentro de 2 días el Papa Francisco iniciará su visita apostólica a Corea. El Santo Padre se unirá a los jóvenes, hombres y mujeres, que participan en la sexta Jornada asiática de la Juventud. En la misa de beatificación de los 124 mártires coreanos, informará al mundo entero el testimonio dado por nuestros predecesores en la fe, que han elegido sacrificarse por la verdad.

Dado que ningún Papa, pontífice supremo de la Iglesia Universal, jamás ha participado de persona a los eventos de la Jornada asiática de la Juventud, puedo humildemente presumir que el Papa Francisco tenga la intención de invitar y dar coraje a cada uno de los jóvenes asiáticos católicos a convertirse en mensajeros, que puedan comunicar la Buena Noticia del Señor Redentor al continente asiático. Esto también vale para aquellos jóvenes asiáticos católicos que son parte de una minoría religiosa muy pequeña, un puñado de minorías en este vasto continente.

Es también práctica eclesiástica que sea un delegado papal quien presida una misa de beatificación, cuando esa es celebrada en una Iglesia local. A pesar de ello, el Papa Francisco visita Corea personalmente para presidir la misa de beatificación de los 124 mártires coreanos. Imagino que quiera recordar la fidelidad y la gran fe de estos mártires- que han sacrificado la propia fe por la verdad- en modo particular hoy, dado que vivimos una vida agitada por la corriente del materialismo y del relativismo.

Hoy nuestra sociedad está agonizando a causa de muchos problemas. En otras palabras, nuestra nación sufre de diversas cuestiones amargas. La larga «guerra fría de hecho» entre Corea del Sur y la del Norte; los conflictos internacionales que involucran naciones confinantes en Asia; el rápido empeoramiento de la disparidad económica, no obstante la continua mejoría de los indicadores económicos positivos; el fallido sistema de gestión de la crisis de gobierno, hecho evidente en el desastre del Sewol, el escándalo de la violencia y de los abusos, físicos y psicológicosen el interior del ejército, constituidos como una rutina en los cuarteles...

Dado que el Papa Francisco acostumbra a encontrar primero a aquellos que en la vida sufren, estoy convencido que él -sucesor de Pedro- llevará el Evangelio de la consolación y de la esperanza a tantos coreanos con el corazón partido. Para los apóstoles de la primera Iglesia era normal enfrentar viajes misioneros. En la historia de la Iglesia, S. Pablo apóstol es conocido por haber cumplido el camino misionero más largo en el anuncio del Evangelio, habiéndo ido visitando personalmente a las diversas Iglesias locales. Sus visitas eran dirigidas antes que nada a comunicar la Palabra de Dios; y en segundo lugar manifestar su coraje y su apoyo a aquella Iglesias que tenían dificultades, de modo que quería ponerlas en marcha para superar las propias dificultades e injusticias.

El Papa Francisco nos trae la Palabra de Dios, de la cual, en la actual situación, tenemos una necesidad desesperada. Proclamará también el amor de Dios y la esperanza a aquellos que quieren compartir sus propias dificultades.

Desde mi punto de vista, el Papa Francisco eligió Corea -y Asia oriental- como primer destino de su visita apostólica a Asia, porque quiere rezar junto con nosotros por la paz en la península y en el continente entero. Quiere compartir con nosotros el deseo más sentido. Parte para una nación de la otra parte de la Tierra, hasta renunciando a sus vacaciones de verano (que no serán respetadas), y no obstante una edad no precisamente joven. Esperemos que podamos abrazarnos los unos a los otros, en un espíritu de tolerancia y armonía, en pleno acuerdo con el «amor y la esperanza» que el santo Padre quiere comunicarnos. A propósito, espero además que las semillas de la reconciliación y de la paz puedan florecer con vigor en esta tierra.

Los invito a todos a unirse a dar una cálida bienvenida a nuestro amadísimo huésped, el Papa Francisco. Además les pido comprensión y generosidad por los inconvenientes que podrán nacer por los grandes encuentros e importantes eventos durante la visita apostólica.

Quisiera también invitar al gobierno y a la Asamblea nacional a hacer lo mejor posible en la aprobación de la así llamada «Ley especial sobre el desastre del Sewol», que deberá garantizar una correcta investigación y tomar las consecuentes y adecuadas medidas respecto a tal desastre. Es el justo deseo de las familias devastadas de las víctimas, que inician una huelga de hambre en la plaza Gwangwamun.

Pueda la paz del Señor descender con abundancia sobre todos los hombres y mujeres de Corea