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Línea Editorial 04/01/2013

En memoria de Amanat

Amanat era una joven india de 23 años, estudiante de fisioterapia, que en la noche del pasado 16 de diciembre fue asaltada, violada y arrojada desde un autobús en marcha. Veinte días después del brutal atentado que le costó la vida, ha dado comienzo el juicio contra los seis culpables de su muerte. Lo sucedido con Amanat es un crimen horrendo, perpetrado en una sociedad que pese a gozar de un sistema democrático, al menos en lo formal, sigue edificándose sobre la desigualdad. La India es hoy uno de lo llamados países emergentes del planeta. Para muchos es un país ejemplar que en lo económico, de modo similar a lo que sucede en la República Popular China, sabe aprovechar al máximo las ventajas competitivas de la globalización sin cuestionar sus vicios. No es todo oro lo que reluce en este país de 1.200 millones de habitantes en el que, según estadísticas oficiales de 2011, cada veinte minutos una mujer es víctima de violación. Es una buena noticia que la sociedad haya despertado después de este crimen que, lejos de repararse con la muerte de los culpables, exige cambios profundos en el modo de mirar y relacionarse con las mujeres, las castas inferiores o los no hindúes. La prensa internacional se ha comprometido con la historia de Amanat. Quizás esto ayude para que la historia de miles de personas que a causa de su fe cristiana son perseguidas y asesinadas en algunos estados de la India llegue a las portadas de los primeros rotativos del mundo.