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Línea Editorial 12/11/2015

Mafia y chavismo

Nicolás Maduro se está viendo cercado y no solo por la oposición. Su propia familia airea los trapos sucios de un Presidente a quien la DEA pisa los talones. Estados Unidos investiga desde hace tiempo los sucios negocios que el chavismo pudiera tener con el narcotráfico. Fruto de esas investigaciones han caído dos sobrinos de la esposa de Maduro. En Haití han sido detenidos estos dos jóvenes que transportaban un cargamento de 800 kg de cocaína cuyo destino era, precisamente, Estados Unidos. Venezuela se ha convertido en zona de tráfico de la droga que desde Colombia viaja hasta Estados Unidos vía México, y a Europa vía España. Y como sucede en otros tantos países del mundo, el Estado venezolano podría estar operando como un cooperador necesario, cuando no como un traficante más. Ya no se trata de que el narco corrompa a altos funcionarios del Estado, sino de que este forme parte de un entramado mafioso. Este es uno de los desafíos para Venezuela y para algún otro país de América Latina a los que parece estar llegando una ola irreversible de cambio político. En Venezuela las elecciones del 6 de diciembre, pese a los avisos de la OEA, pueden ser decisivas. Y si así sucediera, las instituciones políticas de ese país van a necesitar un apoyo exterior incondicional. No solo para favorecer la transición a la democracia, sino para desmontar un Estado desde el que se controla a grupos criminales al servicio del poder.

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