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Mitos sobre la inmigración en Suiza

Los suizos que viven en España tienen más beneficios que los españoles que trabajan en Suiza

Ser emigrante en Suiza, ni ha sido, ni es una ganga. En Suiza, a los extranjeros, no les regalan nada. El extranjero trabaja y el suizo le paga por su trabajo, como no podía ser de otra manera. Es cierto que los salarios son mucho más altos que en España y que en algunos otros países de la UE, pero servicios que en otros países como el nuestro son gratuitos, allí hay que pagarlos. Eso lo saben bien los 24.000 suizos que residen en España y se benefician de nuestro sistema.
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Los suizos que viven en España tienen más beneficios que los españoles que trabajan en Suiza

Los emigrantes españoles que desde 1850 vienen emigrando a Suiza, han sido testigos y víctimas de la particular política helvética con relación a los extranjeros, una política que los lleva a realizar periódicamente algún referéndum para ver si restringen la entrada de extranjeros, si echan a los que ya están, si les reducen prestaciones, etc; unas veces deciden que cierran parcialmente las fronteras y otras que las abren de par en par a nueva mano de obra. El del día 9 de febrero, ha sido uno más, promovido por un partido, UDC que se presenta como partido burgués, defensor a ultranza de los derechos de los suizos solo para los suizos, por mucho que sean conscientes de que en un país con poco más de seis millones de nacionales, los extranjeros son mano de obra imprescindible.   El partido promotor de este último referéndum centró su campaña en el colapso del sistema social por la afluencia masiva de extranjeros y en que los suizos deben tener preferencia para cubrir un puesto de trabajo, antes que los extranjeros. ¡Como si no hubiera sido siempre así!. Como si los extranjeros no lleven generaciones trabajando en todo lo que no quieren trabajar los suizos en todos los sectores, pero especialmente en la construcción, los servicios, la hostelería y algunos otros bastante menos agradecidos.   Ser emigrante en Suiza, ni ha sido, ni es una ganga. En Suiza, a los extranjeros, no les regalan nada. El extranjero trabaja y el suizo le paga por su trabajo, como no podía ser de otra manera. Es cierto que los salarios son mucho más altos que en España y que en algunos otros países de la UE, pero servicios que en otros países como el nuestro son gratuitos, allí hay que pagarlos. Eso lo saben bien los 24.000 suizos que residen en España y se benefician de nuestro sistema y en la parte contraria, los 99.539 españoles que residen en Suiza, según datos de 1 de enero de 1013, del padrón de españoles residentes en el extranjero y ven como servicios que aquí serían gratruitos y universales, allí los tienen que pagar.   Mientras los españoles que trabajan en Suiza tienen que costearse obligatoriamente un seguro básico de sanidad para tener acceso a los servicios médicos mínimos, seguro que es individual y que tienen que multiplicar por tantos miembros como compongan su familia; pagan 15 francos por día de hospitalización y apoquinan con los primeros 300 francos de gastos médicos y parte del coste de las medicinas y los servicios médicos que utiliza hasta un máximo de 700 al año, los suizos que residen en España, con sus familias residentes, se benefician de nuestra sanidad pública, universal y gratuita, en las mismas condiciones que cualquier otro español.   Entretanto los españoles que trabajan en Suiza que necesitan de asistencia social, solo reciben una ayuda puntual, los suizos que viven en España, tienen el mismo derecho que cualquier español a disfrutar de nuestros servicios sociales, desde la teleasistencia, a la ayuda domiciliaria, por ejemplo.   La asistencia jurídica es gratuita para los suizos que residen en nuestro país, en las mismas condiciones que lo es para el resto de españoles, pero los españoles que residen en Suiza, a menos que tengan una renta muy baja, si quieren un abogado, se lo tienen que pagar. Eso sí, el sistema helvético pone a su disposición y de manera gratuita, un intérprete en caso de que no entienda o no se pueda hacer entender ante el tribunal.   Mientras aquí, un ciudadano suizo de residencia prolongada puede optar, incluso, a una vivienda social si reúne los mismos requisitos que los españoles, en Suiza, salvo la educación hasta los 16 años, no hay nada gratis. Para todo es necesario tener un seguro, para cobrar el desempleo, para recibir una prestación en caso de accidente laboral o enfermedad, hasta para utilizar una ambulancia. Por si fuera poco, los emigrantes españoles que han vivido, trabajado y cotizado en Suiza largos años, a la hora de jubilarse, siguen recibiendo sus pensiones en función de un anacrónico convenio bilateral firmado en la época de López Rodó, al que se le han ido poniendo pequeños parches.   Por poder, los suizos que residen en España pueden, incluso, votar en las elecciones municipales siempre que estén empadronados aquí. Si los extranjeros residentes en Suiza, algo más del 22 por ciento de la población, hubieran tenido derecho al voto allí, seguro que al partido autodeclarado burgués, que sacó adelante este referéndum por sólo el 50,3 de los votos, no le habría salido tan bien la jugada.

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