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Los retos de Rajoy para 2018

Mariano Rajoy
PHIL NOBLE

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Mariano Rajoy afronta el nuevo año con dos posibilidades: o vivir una tormenta perfecta, o conseguir el círculo virtuoso que le permita seguir gobernando hasta el final de la legislatura. Y todo pasa, principalmente por Cataluña.

El presidente del Gobierno ha tendido la mano al futuro ejecutivo catalán para dialogar, siempre y cuando, eso sí, se cumpla la ley. Si la situación se normaliza, se encarrila, Rajoy podrá entonces negociar con el Partido Nacionalista Vasco la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, pero si los problemas persisten, si el desafío continúa, los nacionalistas vascos seguirán estando incómodos comprometiendo su apoyo a las cuentas públicas... cuentas que, entonces, mantendrían su prórroga durante este año, y que acortarían la legislatura, algo que el presidente siempre ha querido evitar. Algunos apuntan entonces la posibilidad de que en junio de 2019 se celebren las elecciones que tocan, municipales, autonómicas y europeas; y las que no tocan, las generales.

Si, por el contrario, el PNV da el paso, y apoya los PGE, Rajoy podría llevar a término la legislatura y los comicios se celebrarían en mayo de 2020. El jefe del Ejecutivo insiste una y otra vez en la necesidad de que en España haya estabilidad para dar tranquilidad a los ciudadanos y a la economía, ya que, a pesar de todo lo ocurrido el año pasado, las previsiones de crecimiento y creación de empleo, siguen siendo buenas para nuestro país.

Otro de los retos que afrontará el presidente del Gobierno en este ejercicio será el de intentar aprobar un nuevo sistema de financiación autonómica, lo que supondrá realizar otra cuadratura del círculo. Todas las comunidades se sienten infrafinanciadas, pero cada una exige sus criterios de cara al nuevo modelo: unas la dispersión, y la despoblación; otras, la población. Rajoy ya ha apuntado que todos tendrán que ceder y que no habrá nuevo modelo, sin el concurso del PSOE, al que ha reclamado “patriotismo, sentido de estado y capacidad constructiva” a la hora de negociar. El líder popular tiene las presiones de sus barones, pero Sánchez, también sufre las de los suyos. Hasta ahora, el gobierno se había escudado en la crisis económica para demorar esas negociaciones. “No tiene sentido repartir la miseria”, decían, pero, la recuperación hace ya inaplazable tener que afrontar este problema.

El jefe del ejecutivo es consciente de que en esta legislatura no ha habido ni habrá grandes reformas por su escaso apoyo parlamentario, pero quiere intentar también alcanzar, con los principales partidos políticos, un pacto sobre educación, y otro sobre pensiones, dos empresas, que, para muchos, se antojan complicadas. Después de todo lo vivido en 2017 el presidente del Gobierno se conformaría probablemente para este año con una sola cosa: que no se repita el guión anterior.

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