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Los 7 peores días de Quiroga

Pone fin a su carrera política.
Arantza Quiroga en el Parlamento Vasco la semana pasada. EFE
Arantza Quiroga en el Parlamento Vasco la semana pasada. EFE

El futuro de la presidenta del PP vasco se torcía el pasado miércoles. Horas después de que presentara en la sede que el partido posee en San Sebastián la denominada Ponencia de Libertad y Convivencia.  Arantza Quiroga comparecía ante los medios para hacerles partícipes de la moción que daría vida a ese órgano en el Parlamento vasco. La iniciativa constaba solo de tres puntos y de dos condiciones de partida: “el respeto a la persona y los derechos humanos, y el rechazo expreso (que no condena) de la violencia, a cualquier razón que la justifique, en el pasado y en el futuro”. En el texto no aparecía ETA. Tampoco uno de los que habían sido ejes programáticos del PP, la condena a la banda terrorista.  Consciente de que el PP vasco puede acabar en un segundo plano de la política, igual que el navarro o el catalán, Arantza Quiroga quería tomar la iniciativa en materia de convivencia y verbalizar aspectos, impensables años atrás. El PP renunciaba al verbo “condenar” para conseguir que en el nuevo foro, según Quiroga, “estuvieran todos los partidos”, incluido EH Bildu.  Durante la rueda de prensa del pasado martes y a preguntas insistentes de los periodistas, Quiroga quitó hierro al cambio de la expresión “condena” por “rechazo”. La misma carambola que realizó la izquierda abertzale en los estatutos fundacionales de Sortu. Aquella mañana, a Quiroga le interpelaron por el lenguaje pero también por si la dirección del PP conocía la iniciativa. “Creo que no estoy haciendo nada que se salga del posicionamiento del Partido Popular”, contestó la presidenta.  No hubo claridad en su respuesta y durante todo el martes y la mañana del miércoles las llamadas se sucedieron. En Génova, advertidos sobre todo por el sector alavés, eran conscientes de que el asunto, que no conocían de antemano, les podía estallar en las manos si no se reaccionaba a tiempo. A 70 días para las elecciones generales, voces internas temían que el paso dado por Quiroga abriese una nueva brecha con el electorado. Y la primera desautorización llegó a primera hora del miércoles. En Herrera en COPE y de la mano del presidente del PP en Álava, Alfonso Alonso. El ministro de Sanidad acudía a los micrófonos para hablar de su materia pero en el último minuto tuvo que pronunciarse sobre la polémica. La desautorización a Quiroga era clara:“Bildu sigue defendiendo a ETA”. La desautorización procedía además de quien en 2014 defendió la continuidad de Iñaki Oyarzabal como secretario general del partido antes de que Quiroga le destituyera.  “O cae Quiroga o cae el PP”, se escuchó en un despacho de Génova aquel miércoles. El futuro de la presidenta de los populares vascos estaba decidido. Pese al maratón de explicaciones que dio durante toda la mañana, su figura salía muy tocada en un partido ya muy dividido en el País Vasco. Desautorizada, Quiroga se veía obligada a convocar una rueda de prensa en el Parlamento vasco para anunciar 24 horas después la retirada de su iniciativa. Lo hacía con semblante serio y acompañada por sus hombres de confianza; la secretaria general, Nerea Llanos y el presidente del PP en Vizcaya, Antón Damborenea. Nadie de Álava, el sector más crítico con su gestión y que presionó en Génova para que se desechara la propuesta.Sería su última aparición en público. También en las redes sociales donde esa mañana en Twitter a las 13h escribiría su último mensaje: “El espíritu de esta moción es noble. Su uso partidista por parte de Bildu en términos de victoria es injusto”.  Al día siguiente, el jueves, Quiroga no acudía al pleno que se celebraba en el Parlamento vasco. Los rumores por una posible dimisión se acrecentaban. Oficialmente, Génova la tenía ya encima de la mesa. Quiroga había trasladado a la dirección del PP de Madrid su marcha pero los populares trataban de convencerla y de arroparla en público. “De aquí a diciembre hay que vender a los ciudadanos recuperación económica y credibilidad; no problemas internos”, argumentaba un dirigente popular.  Con ese escenario de fondo, Quiroga pidió reunirse con la secretaria general del PP para consensuar su salida pero María Dolores de Cospedal le emplazó a comer ayer martes en Madrid ya que en su agenda privada le esperaba antes un viaje al extranjero. Hasta ese momento, la presidenta de los populares vascos decidía desaparecer, dedicarse a los suyos y mantener contacto telefónico solo con sus más estrechos colaboradores. Cancelaba todos sus actos. Tampoco acudía el pasado viernes al de COVITE en el que iba a participar Consuelo Ordoñez.  “Quiroga ha vivido los peores 7 días de su vida política después de la rebelión interna que tuvo en febrero de 2014 cuando anunció que Oyarzábal no continuaría como secretario general”, recuerda uno de sus colaboradores. Ahora, tras casi una semana de reflexión, Quiroga se marcha. Dimite. Lo hace a dos meses de las generales y provocando otro terremoto en el PP. Entre los posibles candidatos para sucederla, el presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Sémper o el ex diputado general de Álava, Javier de Andrés suenan con mucha fuerza. “Tendrían el apoyo de un sector muy importante como es el alavés pero habrá que ver cómo congenian con el vizcaíno que es el que más afiliados da al PP vasco ahora mismo y es quien apoyó a Quiroga”, sostiene un destacado dirigente popular.  Dos años después de asumir el cargo de manos de Antonio Basagoiti, el liderazgo de Quiroga estaba muy cuestionado en un partido que en las elecciones municipales de 2007 consiguió 153.200 votos en el País Vasco y en las de mayo, 102.000, casi cien concejales menos y cuatro puntos respecto a las generales de 2011.

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