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Legado para las nuevas generaciones

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En el discurso que pronunció Felipe VI en su proclamación hay un pasaje breve pero muy significativo, en el que el Rey afirmó que se sentía heredero de un gran éxito colectivo que había que saber transmitir a las generaciones más jóvenes. El monarca se pronunciaba de forma rotunda sobre el valor de la Transición. Había sin duda un reconocimiento al valor de la herencia de Don Juan Carlos. Pero algo más. Es fácil que la nueva generación, la que ocupa ahora los puestos de responsabilidad, olvide o dude del valor de la reconciliación entre los españoles y de la forma jurídica que se le dio al deseo de pacífica convivencia. De hecho hay quien insiste en cuestionarla. El Rey subrayaba también la necesidad de que los más jóvenes conocieran ese gran momento de la historia de España. Toda nación se nutre de algunos momentos fundacionales. Y no hay duda de que la transición fue un acto de refundación. Pero hemos de reconocer que nos hemos sabido convertir aquel éxito en una tradición que se ofrezca al examen crítico de nuestros escolares. Los escolares estadounidenses repasan una y otra vez la Declaración de la Independencia. Los franceses guardan la memoria de sus grandes gestas, aunque algunas sean dudosamente defendibles. La nuestra fue una gesta, en muy raras ocasiones se sale de una dictadura sin violencia. La actual polarización de nuestra sociedad tiene mucho que ver con el olvido de lo que hicieron nuestros mayores, que se perdonaron y se reconocieron como un bien, los unos para los otros, a pesar de sus diferencias.

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