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Lee el texto completo de la rueda de prensa del Papa en el vuelo de regreso a Roma

Traducción de Paloma García Ovejero, corresponsal de COPE a bordo del avión. PAPA FRANCISCO.- Lo primero de todo, gracias por esta jornada de trabajo, que ha sido para mí demasiado fuerte (“troppo forte”). También para vosotros, seguramente. [Comienza la ronda de preguntas, introducida por el Padre Lombardi] Pregunta.- Este viaje ha sido apenas después del acuerdo UE-Turquía para tratar de solucionar la cuestión de los refugiados en Grecia. ¿A usted le parece que ese es un plan que puede funcionar, o es una cuestión política para tratar de ganar tiempo y ver qué se hace? Y una segunda pregunta: esta mañana usted se encontró en Santa Marta con el candidato presidencial de EE.UU. Bernie Sanders. Quería saber su sensación sobre el encuentro y si es su manera de meterse en la política norteamericana. Papa Francisco.- Lo primero es que no hay ninguna especulación política, porque estos acuerdos con Turquía, con Grecia… yo no los conocía bien. Los he visto en los periódicos, pero nada más; es una cosa puramente humana. Algo humanitario, y que ha sido una inspiración de hace una semana, que vino por cierto de un colaborador mío. Yo lo acepté inmediatamente porque vi que era el Espíritu que hablaba. Y todo se ha hecho en regla. Ellos vienen con sus documentos. Los tres gobiernos -el italiano, el estado de la Ciudad del Vaticano y el gobierno griego- han inspeccionado todo y han dado el visado. Son acogidos por el Vaticano: es el Vaticano, con la colaboración de la Comunidad de Sant Egidio, quien les buscará el puesto de trabajo o la manutención. Son huéspedes del Vaticano. Se unen a las dos familias sirias que ya fueron acogidas en las dos parroquias del Vaticano. A lo segundo: esta mañana cuando salía estaba allí el senador Sanders, que había venido para el congreso de la Centessimus Annus. Él sabía que yo saldría a esa hora y ha tenido la gentileza de salir a despedirme. Lo he saludado a él, a su mujer, y a otro matrimonio que estaba con él y que se alojaban en Santa Marta. Porque todos los miembros –menos los dos presidentes participantes, que me parece que se han alojado en sus embajadas- se alojaban en Santa Marta. Y cuando he bajado los he saludado; y nada más. Educación. Se llama educación y no es mezclarse en política. Si alguno piensa que dar un saludo es inmiscuirse en política le recomiendo que busque un psiquiatra (ríe). Pregunta.- Usted habla mucho de acogida pero quizá demasiado poco sobre integración. Al ver lo que está sucediendo en Europa con este flujo de inmigrantes (vemos que muchas ciudades sufren los barrios-guetos, y resulta que los inmigrantes musulmanes tienen dificultad para integrarse en los valores occidentales), ¿no sería más útil para la integración privilegiar la llegada de los inmigrantes cristianos? ¿Y por qué ha decidido hoy, con este gesto bello y noble, traer consigo a tres familias musulmanas?    Papa Francisco.- No he elegido entre cristianos y musulmanes; estas tres familias tenían los documentos en regla y se podía hacer. Por ejemplo, había dos familias cristianas en la primera lista, pero no tenían los documentos en regla… No es un privilegio, todos estos doce son hijos de Dios. El privilegio es ser hijos de Dios, eso es verdad (sonríe). Sobre la integración, es muy inteligente eso que usted ha dicho; y ha pronunciado una palabra que en nuestra cultura actual parece haber sido olvidada después de la guerra: ¡hoy en día existen guetos! Y algunos de los terroristas que han perpetrado atentados son hijos y nietos de personas nacidas en el país, en Europa. ¿Qué es lo que ha sucedido? No ha habido una política de integración, y esto -para mí- es fundamental. Hasta el punto de que, si usted mira la exhortación post-sinodal sobre la familia, una de las tres dimensiones pastorales para las familias en dificultad es la integración en la vida de la Iglesia. Hoy, Europa debe retomar esta capacidad de integración que siempre ha tenido. Porque a Europa han llegado los nómadas, los normandos, toda esta gente… y han enriquecido su cultura. Creo que necesitamos una educación a la integración.   Pregunta.- Se habla de reforzar las fronteras de varios países europeos, de controles, de despliegue de batallones en los confines de Europa. ¿Es el final de Schengen, el fin del sueño europeo?    Papa Francisco.- No lo sé, pero comprendo a los gobiernos y a los pueblos que tienen cierto miedo. Esto lo comprendo. Debemos tener una gran responsabilidad en la acogida, y uno de los aspectos de esta responsabilidad es cómo se integran estas personas entre nosotros. Siempre he dicho que hacer muros no es una solución; hemos visto en el siglo pasado la caída de uno… no resuelve nada. Debemos hacer puentes, pero los puentes se hacen inteligentemente, se hacen con el diálogo, con la integración. Por eso yo comprendo cierto temor, pero cerrar las fronteras no resuelve nada, porque esa clausura, a la larga hace daño al propio pueblo, y Europa debe hacer urgentemente políticas de acogida, de integración, de crecimiento, de trabajo y de reforma de la economía. Todas estas cosas son los puentes que nos llevarán a no hacer muros. Pero el miedo tiene toda mi comprensión. Lo que pasa es que, después de todo lo que he visto… -y ahora cambio de tema, pero quiero decirlo hoy, y lo habéis visto también vosotros- en ese campo de refugiados… era de llorar… los niños… Esto lo he traído para enseñároslo: [El Papa coge un montón de dibujos que le han regalado los niños refugiados] Los niños me han regalado muchos dibujos. Uno: ¿qué quieren estos niños? Paz. Es cierto que en el campo tienen cursos de educación, pero… ¡¿qué cosas han visto estos niños?! Mirad esto: aquí han dibujado a un niño que se ahoga. Esto lo han visto, lo tienen en el corazón; hoy, de verdad, daban ganas de llorar. Y sobre el mismo tema ha dibujado este niño de Afganistán: se ve la barcaza que viene de Afganistán y vuelve a Grecia. Estos niños tienen esto en la memoria, y se necesitará tiempo para elaborarlo. Este otro: ha dibujado al sol llorando. Y si el sol es capaz de llorar… también a nosotros nos hará bien una lágrima.   Pregunta.- ¿Por qué usted no hace diferencia entre quienes huyen de la guerra y quienes huyen del hambre? ¿Europa puede acoger toda la miseria del mundo?    Papa Francisco.- Es cierto, hoy en mi discurso he dicho que algunos huyen de las guerras y otros del hambre. Tanto unos como otros son consecuencia de la explotación. Explotación de la tierra: me decía un jefe de gobierno de África hace un mes que la primera decisión de su gobierno había sido la reforestación, porque la tierra se había muerto por la explotación de los bosques. Hay que hacer obras buenas tanto con quienes huyen de las guerras como con quienes huyen del hambre. Yo invitaría a los traficantes de armas –porque las armas, hasta cierto punto, si hay acuerdos se fabrican; pero los traficantes que lo hacen para hacer la guerra en distintos sitios… en Siria, por ejemplo, ¿quién les da las armas a los distintos grupos?- A estos traficantes yo les invitaría a que pasaran una jornada en este mismo campo de refugiados. Creo que sería salud para ellos.   Pregunta.- Usted decía esta mañana que este era un viaje triste, y que estaba muy conmovido. Pero algo debe de haber cambiado en su corazón, porque ahora sabe que hay doce personas a bordo, y con ese pequeño gesto le ha dado una lección a quienes miran hacia otro lado ante tanto dolor.   Papa Francisco.- Voy a hacer un plagio y respondo con una frase que no es mía. Lo mismo le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta: “¿Pero usted, tanto esfuerzo y tanto trabajo solamente para ayudar a morir a la gente? ¡Lo que usted hace no es suficiente, el mar es muy grande!” Y ella respondió: es una gota de agua en el mar, pero después de esta gota, el mar ya no será el mismo. Respondo así. Es un pequeño gesto, pero de esos pequeños gestos que debemos hacer todos los hombres y mujeres para tender la mano a quien lo necesita.   Pregunta.- Hemos venido a un país de inmigración, pero también de política económica de austeridad. ¿Usted qué piensa desde el punto de vista económico sobre la austeridad? Y también sobre otra isla, Puerto Rico, ¿tiene algo que decir sobre esta política de austeridad?    Papa Francisco.- La palabra austeridad tiene diferentes significados: económicamente significa un capítulo de un programa; políticamente es otra cosa; espiritualmente, cristianamente, otra. Cuando yo hablo de austeridad me refiero a la austeridad frente al derroche. Oí decir en la FAO –creo que era en la FAO, no estoy seguro si fue en esa reunión- que con la comida que se tira se podría resolver toda el hambre del mundo. Y nosotros, en nuestra casa, ¡cuánto desperdiciamos sin quererlo! Esta cultura del descarte y del derroche… Hablo de esa austeridad en sentido cristiano: parémonos aquí y vivamos un poco austeramente. Pregunta.- Usted ha dicho que esta crisis de refugiados es la crisis peor después de la Segunda Guerra Mundial. Yo quisiera preguntarle qué piensa de la crisis de los migrantes de América, los que llegan a EE.UU. desde México, desde América Latina. Papa Francisco.- Es lo mismo. Es el mismo problema. En Ciudad Juárez celebré la Misa a menos de 100 metros de la valla, y al otro lado había unos cincuenta obispos y un estadio donde seguían la celebración en una pantalla gigante. Es lo mismo. Llegan a México desde Centroamérica. No sé si usted recuerda aquel conflicto con Nicaragua hace dos meses. No querían que pasaran los refugiados, les llevaban en avión a otro país, sin pasar por Nicaragua. Es un problema mundial. Yo he hablado allí a los obispos mexicanos y les he pedido que se ocupen de aquellos refugiados. Pregunta.- Quisiera hacer una pregunta sobre la exhortación apostólica Amoris laetitia: como usted bien sabe, ha habido muchas discusiones sobre uno de los puntos. Algunos sostienen que no ha cambiado nada respecto a la disciplina que gobierna sobre el acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar; otros sostienen que ha cambiado mucho y que hay nuevas aperturas y posibilidades. La pregunta es: ¿Hay nuevas posibilidades concretas que no existían antes de la publicación de la exhortación, o no?    Papa Francisco.- Yo puedo decir sí. Punto. Pero sería una respuesta demasiado pequeña. Yo os recomiendo a todos vosotros que leáis la presentación que hizo el cardenal Schönborn, que es un gran teólogo (fue secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y conoce bien la doctrina de la Iglesia): en dicha presentación, encontrará la respuesta a su pregunta.   Pregunta.- ¿Por qué puso en la famosa nota el problema de los divorciados que se vuelven a casar? En la nota 351. [El Papa exclama: “¡Uy, qué memoria!”] La pregunta es: ¿por qué una cosa tan importante en una pequeña nota? ¿Usted ha prevenido así la oposición o ha querido decir que este punto no era tan importante? Papa Francisco.- Mire, uno de los últimos papas, hablando sobre el Concilio, Escuche, uno de los últimos Papas, hablando sobre el Concilio, dijo que había dos concilios: el Vaticano II, que se hacía en la Basílica de San Pedro, y otro que era el de los medios de comunicación. Cuando convoqué al primer Sínodo, la gran preocupación de la mayor parte de los medios era: “¿Aaah, podrán comulgar los divorciados que se han vuelto a casar?” Como yo no soy santo, esto me dio un poco de fastidio y un poco de tristeza. Porque yo pienso que esos medios no se dan cuenta de que no es ese el problema importante. No se dan cuenta de que la familia en todo el mundo está en crisis -¡y la familia es la base de la sociedad!-, no se dan cuenta de que los jóvenes ya no quieren casarse, no se dan cuenta de que la caída de la natalidad en Europa que es para llorar, no se dan cuenta de que la falta de trabajo hace que los padres tengan dos trabajos y los niños crezcan solos y no puedan crecer dialogando con el papá y la mamá… Estos son los grandes problemas. Yo no recuerdo esa nota. Pero, seguramente, si está en una nota es porque se trata de una cita de la Evangelii gaudium. Seguro. No recuerdo el número, pero seguro que es eso. [Fin de las preguntas] PAPA FRANCISCO.- Gracias por vuestra compañía. De verdad que yo me siento tranquilo con vosotros. Gracias por la compañía. Ahora pienso que os darán alguna cosa (de comer), supongo…

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