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Inquietante escenario

El caso de los más de quinientos informes de espionaje en el Restaurante La Camarga de Barcelona, realizados por la agencia Método 3, es un dato más de la epidemia de corrupción y juego sucio que han implantado quienes entienden que todo vale para conquistar o retener el poder. El hecho de que un partido político, en este caso el Partido Socialista de Cataluña, encargue informes paralelos sobre las actuaciones y estrategias de personas y de partidos, y los consiga a través de escuchas ilegales, es algo más que juego sucio. Se trata de prácticas que contaminan profundamente la convivencia civil y la salud de nuestra democracia. El Estado de Derecho debe ser implacable en la persecución de estos delitos, pero lo que se plantea es un cambio de cultura en el seno de nuestros partidos, más aún, en el conjunto del tejido social.     Es curioso que estas noticias apenas hayan provocado protestas sonoras y visibles, como si se considerasen ya parte del paisaje. El olvido del fin de la política y de los límites a la hora de ejercerla está provocando que la sociedad desconfíe y se aleje de quienes tienen la responsabilidad del bien común. De ahí al florecer de la demagogia antisistema o del surgimiento de inquietantes ensueños autoritarios hay solo un paso, y en España nos hemos acostumbrado a bordear el abismo sin pestañear.  

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