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En 1961

El informe de la CIA sobre Fidel Castro

Fidel Castro durante una entrevista con la prensa. REUTERS
Fidel Castro durante una entrevista con la prensa. REUTERS

Un líder neurótico, narcisista y cuya única prioridad es "mantenerse en el poder". Así es como definía un equipo de psiquiatras de la CIA hace 53 años a Fidel Castro en un curioso informe que en 2014 sacaba a relucir el diario "Clarín". Y es que, a pesar de que fue elaborado en 1961, mostraba de forma clara las tensiones que existían entonces entre el bloque capitalista y comunista. La Agencia Central de Inteligencia elaboró este informe en octubre de 1961. Apenas dos veranos después de que finalizara la revolución en la región y seis meses después de que las tropas exiliadas cubanas trataran (sin éxito) de invadir con la ayuda de Estados Unidos y de John F. Kennedy la Bahía de Cochinos. A su vez, está fechado únicamente diez meses antes de que se iniciara la crisis de los misiles de Cuba En el documento, que tenía una extensión de aproximadamente tres caras de folio, la CIA explicaba en primer lugar que Fidel Castro no estaba en ningún caso loco, aunque contaba con una personalidad inestable vulnerable a la presión psicológica. Destacaba también que adoraba sentirse adulado por las masas, contaba con grandes ansias de permanecer en el poder y necesitaba enfrentarse a un adversario para entender que su existencia era perfecta. Neurótico La CIA hacía hincapié además en que Castro era inestable y necesitaba los halagos de sus congéneres para sentirse pleno: "Excepcionales elementos neuróticos de su personalidad son el hambre de poder y su necesidad de reconocimiento y adulación por las masas: es incapaz de obtener completa satisfacción de cualquier otra fuente". Algo así le sucedía con el Che Guevara, de quien el estudio afirmaba que era totalmente dependiente: "Su estabilidad emocional sufriría si el Che no mantuviera una actitud firme y positiva hacia él", destacaba el texto. En este sentido, el informe también señalaba que, si el líder fuese odiado por aquellos a quienes pedía aprobación, "el resultado sería un desorden en su personalidad, su ineficacia política e, incluso, una enfermedad emocional clínica como la depresión". A su vez, el equipo psicológico afirmaba que cualquier crítica lo volvía inestable y hacía que perdiera el contacto con la realidad. Egoísta y con miedo a la pasividad Entre los rasgos que más definían la personalidad de Castro, el equipo señalaba que uno de los más claros era su absoluto egoísmo (característica que llegan a considerar como su "Talón de Aquiles". "Narcisista al extremo, en la victoria debe controlarlo todo, sin delegar autoridad. Cuando se enfrenta a la derrota, su primera preocupación es retirarse para reagrupar sus recursos", completaba el texto. A su vez, los expertos también consideraban por entonces que Castro contaba un miedo atroz a las desgracias que le pudieran suceder debido a su pasividad (entre ellas, perder el poder por no haber sabido reconocer a tiempo los peligros que le atacaban). Esta característica se relacionaba con su necesidad psicológica de encontrarse siempre en la cima, controlando a la sociedad y velando por ella como si estuviera formada por menores de edad. En este sentido, los psiquiatras de la Agencia Estatal de Inteligencia también entendían que, "pese a depender de las masas para su sostén (…) no confía en ellas lo suficiente como para llamar a elecciones Su prioridad es mantenerse en el poder".

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